Trump negocia con petróleo ajeno: invita a China y Rusia a comprar crudo venezolano bajo control de EE.UU.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este viernes que su administración está dispuesta a vender a China y Rusia todo el petróleo venezolano que necesiten, bajo el argumento de que Washington tomó el control de las exportaciones para evitar que Moscú y Pekín lo hicieran primero.
“Estamos abiertos a hacer negocios. China puede comprarnos todo el petróleo que quiera, allí (en Venezuela) o en Estados Unidos. Rusia puede obtener de nosotros todo el petróleo que necesiten”, afirmó Trump en la Casa Blanca durante una reunión con directivos de Chevron, Exxon, Repsol y Eni.
Tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses, Washington anunció que administrará la comercialización de millones de barriles de crudo venezolano en coordinación con un gobierno interino.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con más de 300 mil millones de barriles, según la OPEP.
En los últimos años, la producción venezolana cayó drásticamente: de más de 3 millones de barriles diarios en 1998 a menos de 800 mil en 2023, debido a sanciones, falta de inversión y deterioro de infraestructura.
China y Rusia han sido los principales aliados energéticos de Caracas, con acuerdos de suministro y financiamiento que ahora quedan en entredicho tras la intervención estadounidense.
El control de EE.UU. sobre el crudo venezolano abre un nuevo frente en la disputa geopolítica global:
China busca asegurar energía para sostener su crecimiento industrial.
Rusia, golpeada por sanciones occidentales, depende de exportaciones energéticas para financiar su economía.
Estados Unidos se posiciona como intermediario obligado, transformando un conflicto político en un negocio energético internacional.
Comentario Editorial
Trump descubrió la fórmula mágica: capturas a un presidente, te apropias de su petróleo y luego lo vendes a sus aliados. El “America First” se convierte en “Venezuela First… pero administrado desde Washington”. Al final, la soberanía latinoamericana parece un recurso fósil más: se extrae, se refina y se comercializa con sello estadounidense.
