Petróleo a Cuba, entre la solidaridad y la geopolítica
México ha defendido el envío de petróleo a Cuba como una decisión soberana y humanitaria, pese a las críticas de Estados Unidos y sectores opositores. La presidenta Claudia Sheinbaum sostiene que no se trata de respaldar un régimen, sino de rechazar la política de sanciones y castigos colectivos.
El 5 de enero de 2026, México envió un cargamento de crudo a Cuba, en medio de la crisis energética que atraviesa la isla caribeña. El envío fue confirmado por Pemex y por la propia presidenta Claudia Sheinbaum, quien defendió la medida como parte de una política exterior basada en los principios constitucionales de soberanía, autodeterminación y no intervención.
Las cifras
• En 2025, México exportó en promedio 12,284 barriles diarios de crudo a Cuba, lo que representó el 44% de las importaciones totales de petróleo de la isla.
• Según datos oficiales, las exportaciones crecieron 121% en el último año, pese a las advertencias de Washington.
• El petróleo se entrega a precio de mercado, bajo acuerdos bilaterales de cooperación energética.
Las críticas
• Analistas como Jorge Fernández Menéndez advierten que México arriesga su relación con Estados Unidos, especialmente tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
• Congresistas estadounidenses han señalado que el envío de crudo podría afectar el T-MEC y derivar en sanciones contra embarcaciones mexicanas.
• Opositores internos acusan al gobierno de “respaldar un régimen fallido” y de usar recursos públicos para fines ideológicos.
La defensa oficial
Sheinbaum ha insistido en que la medida es humanitaria y responde a la necesidad de garantizar energía en Cuba, donde los apagones afectan hospitales y servicios básicos.
“Quien debe decidir el destino de los cubanos son las y los cubanos”, afirmó la mandataria.
Comentario
En México, la solidaridad se mide en barriles. El discurso oficial asegura que no se apoya a un régimen, sino a un pueblo; pero curiosamente, los barcos no llevan medicinas ni alimentos, sino petróleo. Al final, la política exterior parece un acto de fe: creer que el crudo ilumina hospitales… y no ideologías.
