Apagones, cajeros vacíos y filas interminables: la rutina en La Habana
La Habana, enero de 2026.
La vida cotidiana en la capital cubana se ha convertido en un ejercicio de resistencia silenciosa. Los apagones diarios, los cajeros automáticos sin efectivo y las interminables filas marcan el pulso de una ciudad que sobrevive entre la penumbra y la espera.
Una crisis que se profundiza
La falta de combustible, agravada por la reducción del suministro venezolano y las presiones de Estados Unidos, ha dejado al sistema eléctrico cubano en estado crítico. Las termoeléctricas, obsoletas y averiadas, apenas logran cubrir la demanda, provocando cortes de luz que paralizan comercios, transporte y servicios básicos.
En paralelo, la escasez de divisas golpea al sistema bancario. Los cajeros automáticos permanecen vacíos durante horas, obligando a los ciudadanos a esperar bajo el sol en filas que se extienden por cuadras enteras. La frustración se mezcla con resignación: “Ya no es resistencia, es rutina”, comenta un vecino del Vedado.
Factores en juego
• Bloqueo estadounidense: limita el acceso de Cuba a petróleo y financiamiento internacional.
• Dependencia energética: la caída del apoyo venezolano deja a la isla sin respaldo externo.
• Infraestructura obsoleta: termoeléctricas rotas y falta de inversión agravan el déficit.
• Escasez de efectivo: sin dólares ni euros suficientes, el sistema bancario se paraliza.

Impacto social. La crisis no solo se mide en cifras, sino en gestos: madres con niños pequeños esperando horas para retirar dinero, comerciantes que cierran temprano por falta de electricidad, estudiantes que estudian a la luz de velas. La narrativa oficial de “resistencia” pierde fuerza frente a la precariedad cotidiana.
Aunque el gobierno busca acuerdos energéticos con países como México y Rusia, la solución parece lejana. La Habana enfrenta un riesgo inmediato: que la crisis energética y financiera se prolongue, profundizando la tensión social.
Cierre editorial:
La Habana ya no habla de resistencia, habla de sobrevivir el día. Entre sombras y filas, la ciudad se convierte en metáfora de un país atrapado entre bloqueos externos y ruinas internas.
