Las pugnas internas que sellaron el fin del imperio Buss en los Lakers
La venta de Los Angeles Lakers no fue solo una decisión financiera histórica, sino el desenlace de años de conflictos familiares, resentimientos y luchas de poder dentro de la familia Buss, marcada por la ausencia de su patriarca, Jerry Buss, fallecido en 2013. Lo que alguna vez fue el ejemplo más sólido de una franquicia deportiva familiar, terminó fracturado por desconfianza, disputas legales y visiones opuestas sobre el futuro del equipo más emblemático de la NBA.
Tras la muerte de Jerry Buss, la gestión quedó en manos de Jeanie Buss, quien asumió como gobernadora del equipo y poco a poco concentró el poder. Su liderazgo estuvo acompañado de decisiones polémicas, como el despido de sus propios hermanos, primero Jim en 2017 y, años después, Joey y Jesse Buss, quienes eran vistos por su padre como herederos naturales del proyecto deportivo. Estas rupturas profundizaron una guerra interna que debilitó los lazos familiares y sembró dudas sobre el respeto al fideicomiso familiar.
Las tensiones crecieron en paralelo al declive deportivo de los Lakers tras la era Buss: menos títulos, más temporadas perdedoras y una organización señalada por su disfunción interna. A esto se sumaron fricciones con figuras clave como LeBron James, críticas a la influencia de su entorno y una creciente percepción de que la franquicia ya no podía competir financieramente frente a otros multimillonarios dueños de la NBA.
En 2025, el punto de quiebre llegó con la oferta de Mark Walter, valuada en 10 mil millones de dólares, para adquirir la participación mayoritaria de la familia. Aunque Joey y Jesse propusieron una venta minoritaria para mantener el control familiar, la mayoría de los hermanos —con el voto decisivo de Jeanie— optó por vender. La decisión dejó a los menores sin el proyecto de vida que habían construido alrededor del equipo y selló el fin del control Buss sobre los Lakers.
La posterior salida de Joey y Jesse de la organización, junto con las revelaciones sobre bonificaciones millonarias para el círculo cercano de Jeanie, reforzó la narrativa de un cierre amargo. Así, la franquicia que simbolizó el “Showtime”, el éxito y la unidad familiar, cambió de manos no por falta de dinero, sino por una familia rota, incapaz de sostener el legado que Jerry Buss soñó mantener generación tras generación.
