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“El Agente Secreto” y el poder que oprime

La película brasileña “El Agente Secreto” llega fortalecida a la carrera por el Oscar 2026 tras obtener cuatro nominaciones y colocarse como una posible sorpresa frente a las producciones de Hollywood. Su director, Kleber Mendonça, asegura que el corazón del filme radica en una historia universal: el uso del poder para aplastar a las personas, un tema que, pese al paso del tiempo, sigue resonando con fuerza en distintas realidades del mundo.

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Ambientada en el contexto de la dictadura militar brasileña (1964-1985), la cinta sigue a un profesor universitario interpretado por Wagner Moura, quien se ve atrapado en una red de violencia política sin saber que es perseguido por sicarios del régimen. El filme compite en categorías como mejor película, mejor película internacional, mejor actor y mejor casting, y ya fue reconocido con Globos de Oro, consolidando su impacto internacional.

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Mendonça vincula el buen momento del cine brasileño con el regreso de Luiz Inácio “Lula” da Silva al poder, tras un periodo en el que, afirma, la cultura fue debilitada durante el gobierno de Jair Bolsonaro. Para el realizador, producciones como “Aún estoy aquí” y “El Agente Secreto” se han convertido en una vitrina global que refleja tanto la memoria histórica como los conflictos políticos contemporáneos.

El director también destaca que las historias sobre abuso de poder, represión y violencia institucional mantienen vigencia porque el mundo actual continúa marcado por guerras, invasiones y autoritarismo. Incluso señala que, aunque el guion se sitúa en los años setenta, dialoga con episodios recientes de Brasil y otras democracias modernas, donde viejas prácticas regresan bajo nuevos discursos.

Sobre Wagner Moura, Mendonça es claro: considera que el actor está “exactamente donde debería estar”, elogiando su trabajo y su proyección internacional. Sin asumir el cine como una obligación política, el realizador reconoce que el arte puede funcionar como una forma de resistencia, capaz de generar reflexión y contribuir al debate social sin perder su esencia narrativa.