La falta de visión no lo detiene: Abel Quintana y su labor diaria fabricando trapeadores
Nota y fotos por: Silver Juárez Arce
En un taller ubicado entre la calle Sexta y la avenida Ocampo, casi esquina con Julián Carrillo, Abel Quintana, un hombre de la tercera edad con discapacidad visual, demuestra cada día que la falta de visión no es límite para el trabajo ni para la dedicación. Desde hace años, Quintana elabora trapeadores y escobas con una destreza que solo da la experiencia, mientras su historia de superación y esfuerzo se convierte en un ejemplo de resiliencia y constancia para la comunidad chihuahuense.
“El patrón me enseñó”, comenta Abel con sencillez, al ser cuestionado sobre cómo aprendió el oficio. Su jornada comienza a las siete de la mañana y se extiende hasta las cinco o seis de la tarde, horas en las que, junto a un pequeño equipo, fabrican y venden no solo trapeadores y escobas, sino también artículos de limpieza y químicos para toda la ciudad. “Aquí surten para toda la ciudad”, asegura, mientras sus manos, guiadas por el tacto y la memoria, manipulan con precisión el alambre y los materiales.


El taller, donde Abel trabaja junto a la esposa del dueño y otra colaboradora, es un espacio de trabajo artesanal y manual. Mientras él se encarga de armar los trapeadores, otros miembros del equipo cortan el material, los embolsan y los peinan, creando un proceso colaborativo que garantiza productos de calidad. “Al principio sí se me complicaba por la falta de visión, pero ya agarré experiencia”, confiesa Quintana, quien ha logrado dominar cada paso del proceso, incluso operando una pequeña máquina con el pie para dar forma a los trapeadores.
La tienda, ubicada sobre la calle Julián Carrillo, entre Sexta y Ocampo, es el punto de venta donde los clientes pueden encontrar todo lo necesario para la limpieza del hogar. Abel y su equipo no solo fabrican, sino que también atienen al público, ofreciendo un servicio cercano y personalizado. “Aquí fabricamos y vendemos”, explica, mientras destaca que el horario de atención es amplio, desde las siete de la mañana hasta el cierre al anochecer, adaptándose a las necesidades de la comunidad.
La historia de Abel Quintana es un recordatorio de que la discapacidad no define la capacidad. Su labor diaria, llena de paciencia, habilidad y orgullo, no solo contribuye a su sustento, sino que también inspira a otros a valorar el trabajo honesto y la perseverancia. Su taller, aunque pequeño, es un punto de referencia en el centro de Chihuahua, donde la tradición artesanal y el esfuerzo humano se unen para ofrecer productos esenciales para el hogar.


