Andy López Beltrán: el regreso del operador invisible
En política mexicana, los silencios suelen pesar más que los discursos. Andy López Beltrán, secretario de Organización de Morena e hijo del expresidente, pasó meses en un discreto retiro tras el revés electoral en Durango y Veracruz y el ruido mediático por su viaje a Japón. Ese vacío alimentó rumores de retiro, incluso de un regreso a Tabasco para abandonar la arena nacional. Hoy, sin embargo, reaparece con una gira que busca dos cosas: reafirmar su control sobre la afiliación y demostrar que sigue siendo un jugador clave rumbo a 2027.
El músculo de las credenciales
Morena presume haber alcanzado 10 millones de afiliaciones nuevas en los últimos años, un número que no solo representa militancia, sino también poder de negociación. En un partido donde la estructura territorial define candidaturas y alianzas, quien controla las credenciales controla la narrativa. Andy lo sabe y por eso su gira no será de plazas públicas ni mítines multitudinarios, sino de reuniones cerradas, comités locales y encuentros privados. Es la política de baja intensidad, pero de alto impacto.
El tablero interno
La presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, enfrenta el reto de recomponer la imagen del partido tras las derrotas estatales y de preparar el terreno para las elecciones de 2027. En ese tablero, Andy aparece como un operador incómodo: con legitimidad en la afiliación, pero con resistencias en la dirigencia nacional. Su regreso no es solo un movimiento táctico, sino un recordatorio de que la política interna de Morena se juega tanto en las oficinas de Liverpool 3 como en los comités de barrio.
El fantasma del retiro
Los rumores de que Andy se retiraría a Tabasco fueron más un síntoma de desgaste que una realidad. En política, pocas veces alguien con estructura propia se retira voluntariamente. La gira nacional es, en ese sentido, una respuesta directa: no habrá retiro, sino reposicionamiento. Y en un partido que se prepara para definir candidaturas presidenciales y legislativas, su presencia garantiza tensión en las negociaciones.

Andy niega el retiro y anuncia gira: diez millones de credenciales, reuniones privadas y un regreso calculado.
La ironía es que en Morena, el poder no se mide en votos, sino en carnets plastificados. Y mientras Veracruz y Durango siguen recordando que las credenciales no ganan elecciones, Andy parece convencido de que la política se puede resolver con un Excel.
Claro, siempre y cuando el viaje a Japón no vuelva a interrumpir la gira.
