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Bulls tocan fondo: sin estrellas, sin rumbo y con una reconstrucción inevitable

Los Chicago Bulls atraviesan uno de los momentos más inciertos de su historia reciente. Sin campeonatos desde 1998 y con resultados discretos en los últimos años, la franquicia llegó nuevamente al límite de canjes de la NBA instalada en zona de play-in, pero optó por sacudir su plantilla con movimientos drásticos que confirman una transición profunda.

Desde la llegada de Arturas Karnisovas como vicepresidente de operaciones en 2020, el equipo acumula apenas una victoria en postemporada, conseguida en 2022 antes de caer 4-1 ante Milwaukee Bucks. En las tres campañas posteriores, Chicago se mantuvo estancado en la media tabla del Este, sin lograr temporadas con balance positivo ni atraer figuras de alto impacto en agencia libre o en el Draft.

En busca de un giro, la organización se desprendió de seis jugadores, incluidos Coby White y Nikola Vucevic, para incorporar a Jaden Ivey, Collin Sexton y Anfernee Simons, además de sumar nueve selecciones de segunda ronda a futuro. Karnisovas defendió la decisión al asegurar que el objetivo es abandonar la mediocridad competitiva y aspirar a un campeonato, aunque evitó calificar el proceso como una reconstrucción.

La realidad deportiva apunta en otra dirección. Los movimientos debilitan el presente inmediato y colocan al equipo más cerca de la lotería del Draft que de la postemporada. A mediano plazo, ese escenario podría convertirse en la vía más cercana para recuperar competitividad.

El contraste con la temporada 2021-22 es evidente. Entonces, los Bulls contaban con un núcleo sólido liderado por Zach LaVine y DeMar DeRozan, acompañados por piezas como Alex Caruso, Lonzo Ball, White y Vucevic. Aunque la eliminación ante Milwaukee fue contundente, el equipo mostró señales de competitividad, incluida una victoria en playoffs con 41 puntos de DeRozan.

Ese proyecto se disolvió con el paso del tiempo: DeRozan salió en 2024 y LaVine en 2025, ambos rumbo a Sacramento Kings. La apuesta por el desarrollo interno tampoco logró consolidarse plenamente. White firmó su mejor campaña ofensiva en 2024-25 y Josh Giddey elevó sus números en puntos, rebotes y asistencias, pero hoy el australiano es prácticamente la única figura estable del plantel, acompañado por Matas Buzelis como promesa a futuro.

La acumulación de selecciones y activos sugiere que la directiva pretende ser agresiva en el Draft o en futuros mercados de cambios. En ese contexto, ni Giddey, ni Buzelis, ni los recién llegados parecen intocables dentro de la planificación.

Tras casi seis años en el cargo, Karnisovas enfrenta ahora la oportunidad —y la presión— de reconstruir desde cero. El modelo ha dado frutos en franquicias como Oklahoma City y Philadelphia, pero también ha dejado proyectos inconclusos en la liga. Su experiencia previa en Denver Nuggets, donde participó en la base del equipo campeón de 2023, alimenta la expectativa de repetir una fórmula similar en Chicago.

Un factor clave es el respaldo del propietario Jerry Reinsdorf, de 89 años, cuyo enfoque reciente ha privilegiado procesos largos antes que la exigencia inmediata de títulos. La situación de los White Sox, con temporadas de malos resultados y un proyecto en reconstrucción, refleja esa línea de gestión.

Mientras tanto, la afición continúa aferrada al recuerdo de la era dorada encabezada por Michael Jordan, Scottie Pippen y Phil Jackson, así como a los destellos posteriores de Derrick Rose y Jimmy Butler. Hoy, sin estrellas consolidadas y con un rumbo deportivo en redefinición, los Bulls parecen resignados a abandonar el purgatorio del play-in para entrar en una etapa de reconstrucción que, aunque dolorosa, podría ser el único camino para aspirar nuevamente a la élite de la NBA.