El PAN frente al espejo de sus padroneros
En el aniversario de la Constitución celebrado en el Teatro de la República en Querétaro, las palabras del gobernador Mauricio Kuri resonaron más allá del protocolo. Su respaldo explícito a la presidenta Claudia Sheinbaum —“Presidenta, no está sola”— fue interpretado como un gesto de disciplina institucional, pero también como un golpe de realidad para la militancia panista que, aunque incómoda, no mostró signos de rebeldía. El eco de aquella frase se suma a la memoria del histórico desagravio de la ministra Norma Piña contra AMLO en el mismo recinto, reforzando la carga simbólica del lugar.
El contexto político no es menor: Querétaro es uno de los bastiones donde Sheinbaum registra una popularidad superior al promedio nacional de 70%, y donde figuras como Santiago Nieto comienzan a perfilarse rumbo a la elección de 2027. El gesto de Kuri, por tanto, no solo fue institucional, sino estratégico.
El malestar interno
Entre los inconformes destaca el exgobernador Pancho Domínguez, quien reavivó la discusión sobre el control de Acción Nacional desde la dirigencia nacional, recordando las tensiones que se arrastran desde la era de Gustavo Madero. La molestia se centra en que las decisiones clave se toman en la Ciudad de México, dejando a las bases queretanas en segundo plano.
Hoy, el PAN gobierna apenas cuatro entidades, lejos de las once que llegó a controlar en su mejor momento. Los liderazgos históricos —Fox, Calderón, Fernández de Cevallos, Vázquez Mota, Ruffo— han sido sustituidos por caciques locales conocidos como padroneros, quienes dominan el padrón y las candidaturas.
El fracaso del rebranding
El relanzamiento del PAN en octubre de 2024, con nueva imagen y discurso, no logró revertir la caída. Según cifras del INE, el partido contaba con 319 mil afiliados en ese momento. Para inicios de 2026, apenas había sumado poco más de 3 mil nuevos militantes, un crecimiento marginal frente a los 11 millones de afiliados que presume Morena.
El dilema de Jorge Romero
El actual dirigente nacional, Jorge Romero, llegó al poder gracias al apoyo de los padroneros, pero ahora enfrenta el costo de esa alianza. Su campaña de reafiliación no logra entusiasmar ni a los liderazgos históricos ni a las bases. La ausencia de figuras como Fox, Calderón o Gálvez en los actos de reafiliación es un síntoma de la desconexión entre la dirigencia y la militancia.
Comentario
El PAN parece atrapado en un círculo vicioso: los padroneros que le dieron estructura son hoy el principal obstáculo para su renovación.
La disciplina mostrada por Kuri frente a Sheinbaum refleja la fragilidad de un partido que oscila entre la institucionalidad y la supervivencia.
Mientras Morena y Movimiento Ciudadano avanzan con narrativas frescas y bases amplias, Acción Nacional se consume en disputas internas y en un padrón raquítico. El dilema es claro: o rompe con sus cacicazgos y se reinventa, o corre el riesgo de convertirse en un partido testimonial rumbo a 2027.
| PARTIDO | MILITANTES | PORCENTAJE |
| Morena | 11000000 | 73% |
| PAN | 322000 | 2.1% |
| PRI | 1500000 | 10% |
| MC | 800000 | 5.3% |
| Otros | 1378000 | 9.6% |
El fenómeno de los “padroneros” refleja una práctica recurrente en partidos mexicanos: la construcción de clientelas internas mediante afiliaciones que, más que fortalecer la vida democrática, buscan garantizar cuotas de poder.
