La reforma electoral de Sheinbaum sigue atorada en Bucareli
La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un nuevo tropiezo. Este jueves, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, encabezó otra reunión con las dirigencias del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), pero nuevamente terminó sin acuerdos.
Los puntos de conflicto son los mismos que han bloqueado las negociaciones desde 2025:
Distribución de candidaturas plurinominales.
Financiamiento público a partidos políticos.
Ambos temas son vitales para la supervivencia del PT y el Verde, que dependen de estas prerrogativas para sostener sus estructuras nacionales. Durante el encuentro, un dirigente ejemplificó el rechazo con una frase que se volvió viral: “Con un tiro en el pie no pasa nada; pero no nos vamos a dar un tiro en la cabeza”.
Contexto político
La falta de acuerdos ha generado incertidumbre en el Congreso, donde legisladores reconocen que la iniciativa aún no tiene fecha de discusión ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado.
En paralelo, crecen las tensiones con el Verde en otros frentes. El senador Manuel Velasco levantó la mano de su compañera de bancada Ruth González Silva para ser candidata a gobernadora de San Luis Potosí en 2027, lo que generó molestia en Sheinbaum, quien rechazó la idea de sucesiones familiares inmediatas.
En el Congreso, algunos legisladores ya hablan de una versión “descafeinada” de la reforma, que podría diluir las propuestas originales de la presidenta para evitar un rompimiento con sus aliados.
La reforma electoral es considerada uno de los proyectos emblemáticos de Sheinbaum, pero su estancamiento amenaza con convertirse en un revés político que debilite su imagen de liderazgo y capacidad de negociación.
Comentario
La reforma electoral prometía transformar la democracia, pero terminó convertida en una cumbre de café y frases dramáticas. Morena quería rediseñar el sistema político; el Verde y el PT solo quieren conservar sus plurinominales. Al final, la “gran reforma” parece más un manual de supervivencia partidista que un proyecto de Estado.
