De exportación a Europa y Centro América a robo de piezas; cae 50% el robo de vehículos: Araiza
Hubo un tiempo en que los autos robados en la capital no se quedaban en el barrio ni en el estado. Cruzaban fronteras, cambiaban de placas y terminaban circulando en Europa o Centroamérica. Era el periodo más álgido del robo de vehículos: del 2008 al 2013, cuando el delito se disparó y la comercialización internacional era parte del mapa criminal.
Así lo recordó el fiscal de Distrito Zona Centro, Heliodoro Araiza, al contrastar aquel escenario con el panorama actual, donde –asegura– la delincuencia organizada ya no figura como actor principal en este delito.
“En aquellos años el robo iba más allá de desmantelar un auto; había redes que los colocaban fuera del país. Hoy no identificamos esa participación del crimen organizado como tal”, explicó.
De exportación ilegal a robo por piezas
El delito mutó. Si antes el vehículo completo era la mercancía, ahora lo que interesa es lo que trae dentro: la batería, el estéreo, alguna autoparte específica. Muchos de los autos son abandonados tras ser despojados de piezas, sin que medie una estructura sofisticada detrás.
Ese cambio también se refleja en los números.
Hace tres años, la estadística mensual oscilaba entre 40 y 60 robos denunciados. Hoy, en los meses más recientes, la cifra se ubica entre 20 y 30 casos, lo que representa una reducción cercana al 50 por ciento.
“No vamos a hablar de delitos del pasado como si fueran la realidad de hoy”, subrayó el fiscal, al destacar que la incidencia actual muestra una tendencia sostenida a la baja.
Menos denuncias, menos impacto
Aunque el robo de vehículo sigue presente, el golpe ya no tiene la dimensión que alcanzó en su momento más crítico. La disminución no solo habla de números, sino de un cambio en la dinámica delictiva: menos estructuras dedicadas a la comercialización y más hechos aislados vinculados al hurto de piezas.
Para las autoridades, el reto ahora es mantener esa tendencia y evitar que el delito vuelva a escalar a niveles que marcaron una etapa compleja en la historia reciente de la entidad.
Porque si algo quedó claro en aquellos años es que un vehículo robado podía recorrer miles de kilómetros. Hoy, la mayoría apenas avanza unas cuadras antes de ser abandonado.
