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“Si no firmas, te quedas sin trabajo”: revelan presiones para aceptar vacaciones obligadas y sin paga en Electrocomponentes

El esquema laboral en una de las ensambladoras más grandes del estado ha sido puesto en la mira por sus propios empleados. Bajo la sombra del anonimato y con el temor latente a represalias, voces al interior de Electrocomponentes han destapado una práctica que, de confirmarse, rayaría en la simulación y la precarización.

Se trata de un mecanismo que los afectados describen como un “ajuste invisible” al bolsillo. Al cierre de cada trimestre, cuando las metas de producción no se cumplen, la empresa no recurre a un paro técnico formal, sino a una estrategia más silenciosa: vacaciones forzadas y días de descanso sin remuneración que impactan por igual a las tres plantas de la firma en la capital.

La mecánica, según relatan los denunciantes, es selectiva y perversa. Al trabajador que aún tiene saldo de vacaciones, se le exige consumirlas para justificar los días muertos. Pero el golpe más duro lo reciben quienes ya agotaron su periodo de descanso anual o son de reciente ingreso: ellos son enviados a sus hogares, y esos días simplemente no existen en su recibo de pago.

“Es un chantaje institucionalizado”, denuncia un empleado del área administrativa, cuya identidad se reserva por seguridad. “Te pasan un formato y lo tienes que firmar como si estuvieras de acuerdo con irte a tu casa. Si te niegas, sabes que tu silla ya no estará caliente al día siguiente”.

La queja no se detiene en lo económico. Dentro de las instalaciones, los trabajadores operan bajo un código de hermetismo forzado. La prohibición del uso de teléfonos celulares no solo obedece a protocolos de seguridad industrial, sino que —denuncian— se convierte en un muro de silencio que impide fotografiar órdenes o recolectar evidencia de las instrucciones que vulneran sus derechos.

El contraste es evidente, señalan: cuando un empleado solicita un día por asuntos personales, la respuesta suele ser la negativa o la sugerencia de tramitarlo como falta sin goce. Sin embargo, cuando la producción flaquea, la empresa sí tiene la facultad de disponer del tiempo y las vacaciones de su personal de manera unilateral.

La ley es clara al respecto. Especialistas en la materia laboral consultados explican que las vacaciones son un derecho irrenunciable cuyo disfrute debe ser pactado, nunca impuesto. En caso de una baja en la producción, la figura legal existente es el paro técnico, un mecanismo regulado que, si bien permite suspender labores, obliga a la empresa a cubrir un porcentaje del salario durante la contingencia.

Lo que ocurre en Electrocomponentes, de acuerdo con los testimonios, es una evasión de esa responsabilidad. El costo de la ineficiencia o la falta de pedidos no lo asume la compañía, sino que se traslada directamente a la nómina, afectando el ingreso de familias enteras que dependen del salario semanal.

Los trabajadores aseguran que la medida se ha recrudecido en los últimos periodos. Lo que antes eran cinco días de “descanso obligatorio”, ahora tiende a aumentar, generando un malestar creciente que finalmente ha roto el pacto de silencio.

Ante este escenario, los afectados han levantado la voz no solo para visibilizar la práctica, sino para exigir la intervención de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (Profedet) y las autoridades estatales. Solicitan una revisión exhaustiva de las operaciones de la maquiladora para determinar si este mecanismo de “descansos forzados” constituye una violación sistemática a la Ley Federal del Trabajo.

En un estado donde la industria maquiladora es el motor económico, los denunciantes advierten: la competitividad no puede construirse sobre la base de derechos laborales simulados. La línea entre la flexibilidad operativa y el abuso patronal es delgada, y en este caso, aseguran, ha sido cruzada.