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Ebrard frena a Cervantes y protege al CCE en la revisión del T-MEC

Washington / Ciudad de México. Este lunes inicia la revisión del T-MEC en la capital estadounidense, pero desde la semana pasada el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, logró un triunfo político discreto: evitar que Francisco Cervantes, expresidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y actual asesor de Carlos Slim, se incorporara al equipo económico como subsecretario.

La tensión con Cervantes y Slim
Aunque Cervantes dejó el CCE hace meses, su cercanía con Slim le mantiene acceso directo a la presidenta Claudia Sheinbaum. En Palacio Nacional se mencionaba que podría desembarcar en la Secretaría de Economía, lo que generó incomodidad en Ebrard. El secretario entiende que la relación con Slim es inevitable, pero busca mantener distancia: el magnate ha sido favorecido históricamente por los gobiernos, incluido el de Andrés Manuel López Obrador, y su influencia despierta recelos entre otros empresarios.

En círculos diplomáticos también se percibe cierta frialdad hacia Slim. Desde el inicio del gobierno de Donald Trump, el dueño de Telmex ha tenido tropiezos en Washington, como cuando buscó una foto con el entonces presidente y terminó enfrentando críticas públicas de Elon Musk sobre el origen de su fortuna.

El equilibrio empresarial
Ebrard busca cuidar el lugar del actual presidente del CCE, José Medina Mora, en las negociaciones del tratado. La inclusión de Cervantes habría generado malestar en el sector privado, que teme un desplazamiento de su representación institucional. Este lunes, Medina Mora aseguró que mantiene comunicación permanente con Ebrard, en un mensaje que buscó reforzar la unidad empresarial en torno a la revisión del acuerdo trilateral.

El gesto coincidió con el reconocimiento del CCE a la trayectoria de Claudio X. González, considerado némesis del morenismo duro, lo que refleja la compleja relación entre el empresariado y el gobierno.

Un tablero delicado
La revisión del T-MEC se da en un contexto de tensiones globales: la guerra en Medio Oriente ha encarecido el petróleo y amenaza las cadenas de suministro, mientras Estados Unidos endurece posiciones en materia energética y de contenido regional. Para México, mantener cohesión interna entre gobierno y empresarios es clave para enfrentar las exigencias de Washington.

Ebrard, consciente de que Slim conserva influencia política y económica, busca evitar que esa cercanía se traduzca en un desequilibrio dentro del equipo negociador. La estrategia apunta a preservar la interlocución institucional del CCE y a mantener un frente sólido en las conversaciones con la Casa Blanca.

Comentario
Al final, la revisión del T-MEC parece menos un asunto de comercio y más un juego de sillas entre magnates y políticos. Slim quiere estar, Cervantes busca entrar, Ebrard lo frena y el CCE aplaude desde la orilla. En México, negociar tratados internacionales es como organizar una fiesta: lo importante no es la música, sino quién logra quedarse con la invitación.