García Harfuch en la encrucijada entre Washington y Palenque
Ciudad de México. El secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, enfrenta un momento de alta tensión política tras la acusación presentada en Nueva York contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
El dilema político
García Harfuch, principal enlace del gabinete de Claudia Sheinbaum con Washington, se encuentra en un laberinto: colaborar con Estados Unidos en la investigación o defender a un aliado cercano al expresidente Andrés Manuel López Obrador. La situación se complica por su propio proyecto presidencial hacia 2030.
Presión de Washington
La administración Trump ha sido clara: quienes no colaboren en la captura de sus objetivos pueden convertirse rápidamente en “obstructores” de la maquinaria judicial estadounidense. El fantasma del caso Genaro García Luna alimenta las proyecciones más inquietantes.
Fuentes en Palacio Nacional reconocen que las pruebas contra Rocha serían “fulminantes”: material fotográfico y fílmico, registros bancarios de familiares, propiedades y un testimonio explosivo vinculado a la muerte de Héctor Melesio Cuen.
El rol de Harfuch
El secretario controla áreas clave como la FGR, el CNI, la UIF y prepara el lanzamiento de una nueva fuerza policial civil. Su margen de maniobra es limitado: negar la contundencia de las pruebas sería una salida política que no resuelve el fondo del problema.
Un empresario cercano a la presidencia resumió la urgencia:
“El Gobierno necesita un abogado de alto vuelo para contrarrestar a la fiscalía de Nueva York. Ulises Lara no es la salida más atinada”.
La diplomacia en tensión
El embajador estadounidense Ronald Johnson ha endurecido su postura. Tras una visita a Sinaloa marcada por protestas ambientales, Johnson activó su faceta más reservada, con reuniones discretas en la embajada y sin fotografías públicas. En contraste, se recuerda la cercanía del exembajador Ken Salazar, quien solía frecuentar Palacio Nacional.
Comentario editorial
La crisis coloca a García Harfuch en el centro de un dilema que trasciende lo operativo: su futuro político depende de cómo maneje la presión de Washington y la defensa de aliados internos. La posibilidad de que Estados Unidos actúe de manera unilateral en el caso Rocha es el escenario más temido en Palacio Nacional. La discreción del embajador Johnson y la contundencia de las pruebas anticipan que esta encrucijada será decisiva para el rumbo de la relación bilateral y para las aspiraciones presidenciales de Harfuch.
