Crece la presencia de personas que piden dinero a lo largo del Paseo Libertad; el Centro refleja una deuda social
Nota y fotos por: Silver Juárez Arce
La presencia de personas que solicitan dinero a los peatones ha ido ganando espacio a lo largo del Paseo Libertad, en pleno Centro Histórico de la ciudad de Chihuahua, donde durante un recorrido se contabilizaron entre 18 y 20 personas distribuidas en distintos puntos de este corredor peatonal.
Más que tratarse de casos aislados, la cantidad de personas que diariamente recurren a pedir monedas a quienes caminan por la zona hace visible una problemática que combina pobreza, falta de oportunidades laborales, envejecimiento en condiciones de vulnerabilidad, ausencia de redes familiares y dificultades para acceder a programas de apoyo.
El Paseo Libertad concentra un importante flujo de personas durante buena parte del día, por lo que se convierte también en un punto estratégico para quienes dependen de la solidaridad de los transeúntes. La situación puede observarse en diferentes tramos del corredor, con personas que permanecen durante varias horas en determinados puntos esperando recibir alguna ayuda económica.

La problemática no puede explicarse de una sola manera. Entre quienes recurren a pedir dinero pueden encontrarse adultos mayores que ya no tienen posibilidades reales de incorporarse a un empleo, personas que viven solas, ciudadanos sin una red familiar que los respalde y personas con alguna condición física, cognitiva o de salud mental que dificulta su autonomía económica.
En otros casos, el problema puede estar relacionado con una trayectoria de vida marcada por la falta de estudios, empleos informales y bajos ingresos. Llegar a la tercera edad sin una pensión laboral suficiente, sin ahorros y sin familiares que puedan hacerse cargo de las necesidades básicas puede dejar a una persona dependiendo de los ingresos que obtiene diariamente en la calle.
El fenómeno también pone sobre la mesa el desconocimiento de los programas sociales disponibles. Para los adultos mayores de 65 años existe la Pensión para el Bienestar, que durante 2026 entrega 6 mil 400 pesos bimestrales y requiere documentación como acta de nacimiento, identificación oficial, CURP y comprobante de domicilio para realizar el registro.
Sin embargo, que exista un programa no significa que todas las personas vulnerables estén incorporadas. La falta de documentos, desconocimiento de los trámites, dificultades para trasladarse o la ausencia de alguien que pueda ayudarlos a realizar las gestiones pueden convertirse en obstáculos para acceder a los apoyos.

A nivel municipal también existen mecanismos destinados a personas adultas mayores en situación vulnerable. El Programa Alimentario y de Desarrollo Humano del Adulto Mayor contempla a personas de 60 años en adelante que viven en el municipio de Chihuahua y establece mecanismos para que un familiar, cuidador o tutor pueda realizar el registro en determinadas circunstancias.
Durante 2026, el Municipio reportó además que 7 mil 265 personas adultas mayores serían beneficiadas mediante el Programa Alimentario del Adulto Mayor, con la entrega de un paquete alimentario mensual durante diez meses.
El contraste resulta evidente: mientras existen programas destinados a reducir la vulnerabilidad económica, en las calles del Centro Histórico continúa siendo visible un sector de la población que depende de las monedas que recibe de los peatones para complementar o incluso sostener sus ingresos.
La presencia de estas personas también genera una problemática para el propio corredor turístico y comercial. El Paseo Libertad es una de las zonas de mayor tránsito peatonal del Centro y la concentración de personas solicitando dinero puede provocar insistencia hacia los transeúntes, obstrucción ocasional de espacios de circulación y una percepción de deterioro social del entorno, particularmente cuando se acumulan varios casos en un mismo recorrido.
Pero retirar a las personas del espacio público no resolvería las causas que las llevaron hasta ahí.

El crecimiento visible de este fenómeno obliga a considerar una atención que vaya más allá del retiro o reubicación de quienes piden dinero. Identificar a estas personas, conocer su situación familiar, verificar si cuentan con pensión o algún otro ingreso, detectar posibles problemas de salud, discapacidad o salud mental y acercarlas a los programas disponibles permitiría atender el problema desde su origen.
El caso de los adultos mayores resulta particularmente sensible. Una persona que durante décadas trabajó en empleos informales puede llegar a la vejez sin una jubilación laboral; otra puede tener una pensión, pero considerarla insuficiente para cubrir alimentación, vivienda, medicamentos y transporte. También existen personas que simplemente no cuentan con familiares que puedan hacerse cargo de ellas.
Por ello, las entre 18 y 20 personas observadas a lo largo del Paseo Libertad no deben interpretarse únicamente como un problema de imagen para el Centro Histórico, sino como una señal visible de las condiciones económicas y sociales que enfrentan distintos sectores de la población.
El crecimiento de quienes recurren a pedir dinero en este punto de la ciudad plantea una pregunta que va más allá de las monedas que reciben diariamente: ¿cuántas de estas personas podrían acceder a una pensión, un apoyo alimentario, atención médica, acompañamiento social o alguna oportunidad de empleo si existiera un acercamiento institucional directo con ellas?
Mientras esa pregunta permanece abierta, el Paseo Libertad continúa mostrando diariamente una realidad que difícilmente puede pasar desapercibida: cada vez son más visibles las personas que encuentran en la solidaridad de los chihuahuenses una forma de sobrevivir.
