El precio de la polarización: cómo la política está rompiendo la convivencia entre mexicanos
México vive desde hace varios años un clima de fuerte polarización política. Lo que empezó como un debate intenso entre “pueblo” y “élites” durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido, con matices, bajo la administración de Claudia Sheinbaum. El resultado no se queda solo en las redes sociales o en las mañaneras: se filtra a la vida cotidiana y está transformando la forma en que los mexicanos se relacionan entre sí.
¿Cómo se manifiesta la polarización?
La división se expresa de varias maneras:
- El lenguaje de “nosotros” contra “ellos” (chairos vs. fifís, transformadores vs. conservadores).
- La dificultad para discutir política sin que la conversación termine en insultos o en silencio.
- La desconfianza hacia quien piensa diferente: se le atribuyen malas intenciones, corrupción o traición al país.
Estudios recientes, como el de Pew Research Center de 2026, muestran que el 64% de los mexicanos considera que las redes sociales han aumentado la división política, aunque al mismo tiempo el 81% reconoce que estas plataformas los mantienen más informados.
Las burbujas digitales refuerzan las creencias propias y vuelven al adversario casi invisible o caricaturesco.Cómo afecta la convivencia social
- En la familia
Es cada vez más común que ciertos temas (gobierno, programas sociales, reforma judicial, seguridad) se eviten en las reuniones familiares. Hay hogares donde los miembros de distinta orientación política casi no hablan de actualidad para no pelear. En casos extremos, se han roto relaciones entre padres e hijos o entre hermanos. - En las amistades y el trabajo
Muchas personas reportan haber perdido amigos o haber dejado de frecuentar ciertos círculos por diferencias políticas. En oficinas y universidades se genera un ambiente de autocensura: se habla menos de política por miedo a ser etiquetado o a enfrentar hostilidad. - En el espacio público
Las protestas, las conmemoraciones históricas (como el 2 de octubre) o incluso eventos deportivos se convierten rápidamente en campos de batalla ideológicos. El discurso de odio y la descalificación permanente normalizan la agresión verbal y, en algunos casos, legitimizan la violencia simbólica o física. - En la confianza institucional
Cuando la mitad del país ve a las instituciones (INE, Poder Judicial, medios) como “enemigas del pueblo” y la otra mitad las ve como “el último dique contra el autoritarismo”, se erosiona la posibilidad de acuerdos mínimos. La convivencia democrática se vuelve más frágil.
¿Quién alimenta la polarización?
No es exclusiva de un solo bando.
- El oficialismo ha usado durante años un discurso de confrontación que moviliza a su base.
- La oposición, a su vez, frecuentemente cae en el alarmismo y la descalificación total, lo que también radicaliza a sus simpatizantes.
- Las redes sociales y algunos medios amplifican lo más extremo porque genera más engagement.
¿Hay señales de cambio?
Algunos analistas señalan que el estilo de Claudia Sheinbaum, menos confrontativo que el de su antecesor, ha bajado ligeramente la temperatura del discurso público. Sin embargo, las brechas de aprobación entre morenistas y opositores siguen siendo muy amplias (alrededor de 60 puntos en algunas mediciones), lo que indica que la polarización estructural no ha desaparecido.
La polarización política no es solo un problema de élites o de Twitter. Está afectando la capacidad de los mexicanos para convivir, dialogar y resolver problemas comunes. Una sociedad que no puede hablar sin pelear se vuelve más vulnerable a la intolerancia y más difícil de gobernar.
Recuperar espacios de conversación respetuosa —en la familia, en la escuela, en el trabajo y en los medios— no es un lujo: es una necesidad para que la democracia no se convierta en una guerra permanente entre dos Méxicos que se miran con desconfianza.
