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Timbiriche: la serie que abrió heridas en lugar de celebrar un legado

Apenas unas semanas después de su estreno el 9 de octubre de 2026 en ViX (con avance el día anterior por Las Estrellas), la producción de TelevisaUnivision sobre el grupo pop más emblemático de los ochenta en México enfrenta una ola de rechazo poco habitual. No se trata solo de críticas a la calidad narrativa.

El malestar viene de quienes vivieron esa historia y de quienes trabajan con víctimas de abuso.

Seis de los integrantes originales —Sasha Sokol, Benny Ibarra, Alix Bauer, Diego Schoening, Mariana Garza y Erik Rubín— difundieron el 6 de octubre un comunicado conjunto en el que dejaron claro su distanciamiento. Paulina Rubio no lo firmó. El texto es directo: ninguno participó en la creación de la serie, nadie los consultó sobre las historias que se cuentan y no autorizaron el uso de su imagen, voz o identidad.

Reconocen la libertad creativa, pero marcan una línea entre inspirarse en una época y construir una ficción con personas vivas y reconocibles sin haberlas involucrado.

“La serie no es la historia de Timbiriche contada por nosotros. Quizá algún día decidamos contarla, pero entonces será con respeto por quienes la vivimos y en nuestra propia voz”, concluyeron. Luis de Llano Macedo, por su parte, formalizó su oposición al uso de su imagen por vías notarial y judicial.

El núcleo del conflicto está en cómo se trata el caso de abuso que involucró a Sokol y a De Llano. El productor ejecutivo Pablo Cruz lo definió como la “columna vertebral” de la serie. La trama se apoya en la denuncia pública que Sokol hizo en 2022: una relación de abuso de poder cuando ella tenía 14 años y él 39.

Un tribunal civil lo declaró responsable de daño moral y otros derechos; la Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó el fallo en 2025. En septiembre de 2026 De Llano fue detenido temporalmente por incumplir parte de la sentencia, entre ella una disculpa pública.

Para varios críticos y espectadores, la producción convierte ese episodio en el centro de la historia y deja el fenómeno musical de Timbiriche como telón de fondo. Acusan de revictimización y de privilegiar el morbo. Álvaro Cueva la describió como un “producto tóxico”, “mal hecho y mal contado”, que “le hace mucho daño a muchas personas” y que el grupo “no se lo merece”. Benny Ibarra, según el compositor Guillermo Méndez Guiú, solo alcanzó a ver el primer capítulo: no pudo seguir porque “lo hizo sentirse muy mal”. El propio Méndez Guiú lamentó que no sea realmente la historia de Timbiriche, sino “una pequeña telenovela” centrada en una relación sensacionalista.Las reacciones se extendieron.

Thalía frenó un proyecto discográfico con Kiko Campos, quien participó en la música de la serie, por la molestia que generó la polémica. La asociación ADIVAC, dedicada a apoyar a víctimas de violencia sexual, se deslindó por completo: no autorizó el uso de su nombre ni de su sitio web, que aparece al final de los episodios junto a una mención del caso Sokol. Cuestionó que se romantice la violencia sexual o se convierta el dolor en espectáculo.En redes y entre seguidores del grupo circulan acusaciones de oportunismo y de falta de respeto hacia personas que siguen vivas.

Los actores del elenco, entre ellos Luis de la Rosa e Iker Solano, han respondido que trabajaron con respeto y admiración, aunque admiten que la postura de los integrantes originales es válida.La producción se defiende argumentando que se trata de una ficción basada en investigación de información pública y amparada en la libertad creativa. El choque, sin embargo, reabre un debate más amplio: hasta dónde pueden llegar las bioseries cuando los protagonistas están vivos, qué peso tienen los derechos de la personalidad y cómo se maneja de forma responsable un caso de abuso.

Se han mencionado posibles acciones legales, en la línea de otros precedentes recientes en la industria.El enojo de fondo no es solo que se cuente una historia. Es que se haga sin consultar a quienes la vivieron, se usen sus identidades y se ponga el foco en uno de los capítulos más dolorosos de esa trayectoria, convirtiendo el trauma en material dramático en lugar de homenajear el fenómeno cultural que representó Timbiriche.