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El papel de los militares en la política latinoamericana

El papel de los militares en la política latinoamericana siempre ha sido como ese tío que se mete en todo y a veces termina mandando en la casa.

No es un tema nuevo: desde la independencia hasta hoy, los militares han tenido un peso enorme, a veces como “salvadores de la patria” y otras como los que se la agarraron y no la soltaron.

Un poco de historia (sin enrollarse mucho)En el siglo XIX y gran parte del XX, los ejércitos latinoamericanos no solo defendían fronteras: también hacían y deshacían gobiernos. Golpes de Estado, “revoluciones” y dictaduras militares eran casi parte del paisaje.

En Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Bolivia… la lista es larga. La justificación casi siempre era la misma: “el país está en crisis, los políticos son corruptos, hay peligro de comunismo (sobre todo en la Guerra Fría) y nosotros venimos a poner orden”. A veces empezaban con apoyo popular, porque la gente estaba harta de la inestabilidad. Pero muchas veces terminaban en gobiernos autoritarios, con censura, persecución y, en los peores casos, desapariciones y torturas.Los ejemplos más conocidos son los de los 60, 70 y 80:

  • Pinochet en Chile
  • La Junta Militar en Argentina
  • Los gobiernos militares en Brasil
  • Stroessner en Paraguay (que se quedó años y años)

Después de las transiciones democráticas de los 80 y 90, la mayoría de los países intentó meter a los militares en el cuartel y sacarlos de la política. Se redujo su presupuesto, se les quitó poder y se intentó subordinarlos al poder civil. En teoría, al menos.¿Y hoy en día?Hoy la situación es más mezclada. En la mayoría de los países los militares ya no dan golpes clásicos (aunque algunos lo intentan de vez en cuando). Pero eso no significa que se hayan retirado del todo.En varios lugares siguen teniendo una influencia fuerte:

  • En algunos gobiernos de izquierda o “progresistas” se los ha usado como base de apoyo (Venezuela es el ejemplo más claro).
  • En otros países se los llama cuando hay crisis de seguridad o protestas fuertes.
  • Y hay lugares donde todavía tienen un peso institucional importante (presupuesto, control de fronteras, inteligencia, etc.).

También hay un fenómeno interesante: en varios países los militares se han vuelto bastante populares otra vez.

Cuando la gente percibe que la delincuencia, el narco o la inseguridad se salieron de control, mucha gente empieza a mirar al uniforme y a decir “estos al menos imponen orden”. Eso genera un terreno fértil para que los militares vuelvan a tener más voz.

El tema de fondo

El problema de fondo es que en América Latina la relación civil-militar nunca terminó de madurar del todo. En países donde las instituciones son débiles, donde la corrupción es alta y donde la polarización es fuerte, los militares siempre aparecen como una “opción” cuando las cosas se ponen feas.

Algunos los ven como un mal necesario. Otros los ven como una amenaza permanente a la democracia. La verdad es que depende mucho del país y del momento. No es lo mismo hablar de Uruguay o Costa Rica (donde el peso militar es mínimo) que de Venezuela, Bolivia o incluso México en ciertos aspectos.

Los militares en América Latina nunca fueron solo “los que defienden la patria”. Siempre estuvieron metidos en la política, a veces de forma abierta y otras de forma más discreta. Y aunque hoy la mayoría de los países son democracias, el fantasma del cuartel sigue ahí, esperando a que la crisis sea lo suficientemente grande como para que alguien diga: “¿y si llamamos a los militares?”.