Mundial 2026: el ultimátum final de Javier Aguirre y del futbol mexicano
La Selección Mexicana y Javier Aguirre avanzan juntos hacia el Mundial 2026 en una coincidencia tan simbólica como definitiva. Tercera etapa del Vasco al frente del Tri, tercera Copa del Mundo en casa para México y una sensación generalizada de ahora o nunca. Panamá y Bolivia aparecen como los últimos escalones del proceso, partidos que dividen opiniones entre quienes los ven como ensayos necesarios y quienes los consideran tiempo perdido en un ciclo marcado por la incertidumbre.
La ruta mundialista sigue su curso pese a los cuestionamientos internos y al contexto internacional que rodea a la competencia. En medio de rumores de boicot y tensiones sociales en Estados Unidos, México y Aguirre se preparan para una Copa del Mundo que representa más un epitafio anunciado que un diagnóstico optimista. El técnico mexicano asume que esta será su última aventura y que, pase lo que pase, colgará definitivamente el silbato tras el torneo.
El #Vasco3.0 insiste en el valor emocional de jugar un Mundial en casa, una experiencia que vivió como futbolista en 1986 y que hoy intenta transmitir a un grupo limitado en talento pero amplio en voluntad. Sin embargo, la nostalgia no corrige carencias estructurales ni suple la falta de jerarquía. México llegará a 2026 arropado por su afición, tanto en territorio nacional como en estadios estadounidenses, pero con un plantel que carece de un mesías y depende más del esfuerzo colectivo que de individualidades determinantes.
Aguirre ha adelantado que tiene definido cerca del 80 por ciento del plantel mundialista, una declaración que lejos de generar tranquilidad expone la pobreza del abanico de opciones. Elegir a los 26 no parece un acto de sabiduría sino de resignación, en una generación que no supera —y quizá ni iguala— a la que fracasó en Qatar 2022. La consigna es simple: no equivocarse tan gravemente como entonces.
Las debilidades son claras. Por primera vez en décadas, México no cuenta con un portero indiscutible; hay dudas en la lateral derecha y, aunque el medio campo ofrece cantidad, refleja un nivel funcional más que sobresaliente. Al frente abundan nombres, pero escasean certezas: Raúl Jiménez, Alexis Vega, Santiago Gimenez, Julián Quiñones y compañía cargan con expectativas que rara vez se consolidan con la camiseta nacional.
El propio Aguirre reconoce, en un ejercicio de mea culpa, que tuvo mejores planteles en 2002 y 2010 y que falló en decisiones clave. Hoy llega con más experiencia, pero con menos herramientas. El karma, como él mismo lo asume, le presenta una última prueba cuando más sabe y menos tiene.
Así, el tres se impone como símbolo: cierre de ciclo, colisión entre oportunidad y fatalidad. #Vasco3.0 enfrenta su última posibilidad de trascender; #MéxicoMundialista3.0, quizá la última del futbol mexicano para competir con dignidad siendo anfitrión. Como en los tiempos de Julio César, la frase resuena con fuerza inevitable: “Alea jacta est”, la suerte está echada.
