¿Por qué la NBA no hereda a sus superestrellas?
La NBA está llena de historias de talento heredado, pero también de una realidad contundente: los hijos de las grandes superestrellas rara vez alcanzan —y mucho menos superan— el legado de sus padres. Aunque varios descendientes de exjugadores han llegado a la liga, el basquetbol profesional no suele construir dinastías multigeneracionales, como sí ocurre en otros deportes. Hoy, nombres como Stephen Curry, Klay Thompson o Jalen Brunson destacan, pero lo hacen superando ampliamente la carrera de sus padres, quienes nunca fueron íconos absolutos del juego.
El contraste aparece al revisar los apellidos más pesados de la historia. Los hijos de figuras como Michael Jordan, LeBron James, Patrick Ewing o Shaquille O’Neal lograron llegar al ámbito universitario o profesional, pero sin consolidarse como protagonistas en la NBA. Jeffrey y Marcus Jordan dejaron el basquetbol competitivo; Bronny James, pese a compartir equipo con su padre en los Lakers, no ha logrado afianzarse y alterna con la G League; Patrick Ewing Jr. tuvo un paso breve por la liga, y Shareef O’Neal no consiguió debutar pese a su proyección inicial.
En el otro extremo están los casos que rompieron el molde. Kobe Bryant no solo superó a su padre Joe, sino que se convirtió en una leyenda de los Lakers con cinco campeonatos y más de 33 mil puntos. Stephen Curry transformó la liga con el tiro de tres, conquistó cuatro títulos y redefinió el juego moderno, dejando atrás la sólida —pero menor— carrera de Dell Curry. Klay Thompson, heredero de Mychal Thompson, también elevó el listón con cuatro campeonatos y una era dorada junto a los Splash Brothers.
Entre la herencia y la expectativa, surge un nombre que busca desafiar la tendencia: Scotty Pippen Jr.. Hijo de uno de los pilares de los Chicago Bulls, ha mostrado recursos ofensivos y defensivos con Memphis, aunque una lesión frenó su progreso reciente. Su regreso podría reactivar el debate sobre si, algún día, la NBA verá a un heredero igualar —o acercarse— al brillo de una superestrella histórica.
La conclusión parece clara: en la NBA, el apellido abre puertas, pero el legado no se hereda. El talento, la salud y el contexto terminan imponiéndose, haciendo que cada generación tenga que escribir su propia historia desde cero.
