Banxico en la cuerda floja: Gobierno presiona por recorte mientras inflación repunta
En vísperas de la decisión de política monetaria de este jueves, el Banco de México enfrenta un dilema crucial: seguir la presión del Gobierno de Claudia Sheinbaum para recortar la tasa de interés y estimular la economía, o atender la señal del mercado que pide cautela ante el repunte inflacionario.

El Gobierno federal maniobra para evitar que se prolongue el estancamiento económico. En Palacio Nacional se insiste en que la reducción del costo del dinero es indispensable para dinamizar el crédito y activar las cadenas productivas. La tasa de referencia se mantiene en 7%, un nivel que, según Hacienda, deja margen para nuevos ajustes.
Claudia Sheinbaum, durante la 89 Convención Bancaria en Cancún, aseguró que “la inflación está contenida”, enviando un mensaje claro: la prioridad no es el combate inflacionario, sino la expansión del crédito. Sin embargo, los datos más recientes contradicen parcialmente esa visión. El INEGI reportó que la actividad económica cayó 0.9% en enero, mientras que la inflación de la primera quincena de marzo se ubicó en 4.6%, por encima del rango objetivo de Banxico (2-4%).
El entorno internacional tampoco ayuda. La guerra en Irán y los nuevos aranceles a países asiáticos generan presiones adicionales sobre precios y expectativas. Aun así, Banxico no ha cerrado la puerta a un recorte, pues en su guía futura dejó abierta esa posibilidad.
El mercado financiero, dividido, refleja la tensión: mientras Barclays y J.P. Morgan anticipan un recorte de 25 puntos base, otros bancos y analistas sugieren que la pausa debe prolongarse para preservar la credibilidad del banco central. Marco Oviedo, de XP, y Paulina Anciola, de Banamex, coinciden en que algunos miembros de la Junta, incluida la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja, mantienen disposición a recortar.
En este escenario, la decisión de Banxico se vuelve más compleja: avanzar con el recorte que impulsa el Gobierno o alinearse con un mercado que exige prudencia. La credibilidad de la autoridad monetaria está en juego, pues cualquier movimiento será interpretado como una señal de independencia o de subordinación política.
Comentario
La presión del Gobierno sobre Banxico revela una tensión estructural: la necesidad de estimular el crecimiento frente al riesgo de perder control sobre la inflación. Si el banco central cede demasiado rápido, corre el riesgo de erosionar su autonomía y credibilidad, pilares fundamentales de la estabilidad financiera. Pero si se mantiene firme en la cautela, podría enfrentar acusaciones de frenar la recuperación económica. El verdadero desafío es equilibrar la política monetaria con un entorno internacional volátil y una economía interna que muestra signos de debilidad. La decisión de este jueves será un termómetro de la independencia de Banxico y de la capacidad del Gobierno para respetar los contrapesos institucionales.
