Derrame en el Golfo abre pugna interna en Pemex y el oficialismo
Ciudad de México. El derrame de crudo en el Golfo de México se ha convertido en un tema incómodo para el gobierno y para la estructura de la 4T. Mientras la versión oficial apunta a un accidente de embarcaciones y chapopoteras naturales, sectores del obradorismo duro han comenzado a señalar al titular de Pemex Logística, Israel Benítez, responsable de los ductos y hombre cercano al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Tensiones internas
Fuentes cercanas a García Harfuch aseguran que el secretario intentó retirar a Benítez de Pemex, pero desde Palacio se pidió que permaneciera en el cargo por su experiencia en el combate al robo de hidrocarburos. El derrame, sin embargo, refuerza la hipótesis de que el origen estaría en los ductos, lo que compromete directamente a Pemex.
Golpes políticos
El caso se ha convertido en un arma de presión: quienes recelan de García Harfuch hacia 2030 buscan usarlo para debilitarlo, aunque temen represalias y acusaciones desde Estados Unidos. En paralelo, la tesis de los barcos también genera inquietud, especialmente si se confirma la participación de Diavaz, empresa cercana a Octavio Romero, que habría operado en la zona.
Escenario complejo
El derrame no solo expone fallas técnicas, sino también pugnas políticas: propaganda contra figuras del oficialismo, tensiones con empresas privadas y la sombra de un golpe a la credibilidad de Pemex en plena transición de liderazgo.
Comentario
El petróleo se derrama en el Golfo, pero lo que realmente fluye son las culpas: ductos, barcos fantasma y empresas amigas. En Pemex, la transparencia es tan escurridiza como el crudo, y cada fuga parece más política que técnica. Al final, el derrame no solo mancha las costas… también las alianzas.
