Trump llama a Sheinbaum tras la caída de El Mencho
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó que sostuvo una llamada telefónica con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apenas horas después del operativo que culminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La conversación, de apenas ocho minutos, tuvo como objetivo “ver cómo estaban las cosas en México” tras los hechos violentos registrados en Jalisco.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum explicó que detalló a Trump cómo se desarrolló el operativo, subrayando que la participación estadounidense se limitó a labores de inteligencia. “La coordinación bilateral en seguridad va muy bien”, aseguró la mandataria, quien destacó que la captura y posterior muerte del capo fue resultado de un despliegue conjunto de fuerzas federales.
Contexto internacional
La caída de El Mencho representa uno de los mayores golpes al narcotráfico en la última década. Considerado uno de los criminales más buscados en ambos países, su liderazgo en el CJNG lo convirtió en pieza clave del tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. Trump, que en semanas previas había amenazado con ataques con drones dentro de México si no se combatía con mayor firmeza el narcotráfico, aprovechó la llamada para exigir “más mano dura” contra los cárteles.
Riesgos internos
Aunque el operativo fue celebrado como un triunfo del Estado mexicano, analistas advierten que la ausencia de El Mencho podría fragmentar al CJNG y desatar nuevas olas de violencia en regiones clave como Michoacán, Guanajuato y Jalisco. La apuesta de Sheinbaum, señalan, es arriesgada: alivia la presión internacional, pero abre un frente interno que pondrá a prueba la capacidad de su gobierno para mantener la estabilidad.
Comentario editorial
La llamada de Trump fue breve, pero simbólica: un recordatorio de que la política de seguridad mexicana no se juega solo en los cerros de Jalisco, sino también en los pasillos de Washington. El Mencho cayó, sí, pero la pregunta que queda flotando es si también caerá el mito de que un capo muerto equivale a un país más seguro.
