“Sin piedad”: la IA pone a prueba la humanidad
La película “Sin piedad”, protagonizada por Chris Pratt, llega a las salas de cine el 22 de enero con una historia inquietante que enfrenta a la tecnología con los valores humanos. Desde su primera escena, el filme prescinde de introducciones amables y sumerge al espectador en un escenario frío y silencioso, donde una inteligencia artificial analiza datos y probabilidades para decidir el destino de una persona, planteando una reflexión directa sobre el poder de los algoritmos, la justicia y la pérdida de la empatía.
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Situada en el año 2029, la trama presenta un sistema judicial completamente automatizado, controlado por una IA llamada Maddox. En este contexto, el detective Chris Raven despierta esposado en un tribunal futurista, acusado de haber asesinado a su esposa. Sin jueces ni jurado humano, dispone únicamente de 90 minutos para demostrar su inocencia ante la misma tecnología que ayudó a crear, en un juicio donde el cálculo reemplaza al criterio humano.
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Más allá del suspenso, la cinta propone un debate actual sobre los límites de la inteligencia artificial. Chris Pratt ha señalado que la verdadera preocupación no es la existencia de esta tecnología, sino el poder que se le concede y la necesidad de establecer límites éticos y legales para evitar daños. Desde su perspectiva, la IA debe funcionar como una herramienta supervisada, no como una entidad autónoma capaz de decidir sin considerar las consecuencias humanas.
El componente emocional se refuerza a través de personajes marcados por la injusticia y la experiencia personal. Para la actriz Kali Reis, la historia subraya aquello que la IA no puede imitar: la creatividad y la capacidad de sentir, elementos que nacen de vivir, equivocarse y aprender. Esa imposibilidad de replicar emociones es el eje que sostiene la tensión moral de la película.
Aunque el filme gira en torno al impacto de la IA, sus creadores aseguran que no fue realizada con esta tecnología. La intención, según el director, fue retratar los miedos y beneficios que genera, especialmente en una industria que, tras recientes huelgas, enfrenta un debate urgente sobre su uso. Al final, “Sin piedad” funciona como un espejo del futuro y del presente: cuestiona si una justicia basada en datos puede sustituir a la humanidad, y recuerda que contar historias sigue siendo una necesidad esencial del ser humano.
