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Así ven perros y gatos el mundo

La forma en que perros y gatos perciben su entorno es muy distinta a la humana. Aunque no observan el mundo con el mismo nivel de detalle, su visión está adaptada a sus necesidades naturales. Ambos tienen una agudeza visual inferior a la nuestra, lo que significa que requieren estar más cerca de los objetos para distinguirlos con claridad. En el caso de los gatos, esta limitación es aún mayor, razón por la cual a veces no reconocen a una persona a distancia si no detectan movimiento u olor.

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Contrario al mito popular, ni perros ni gatos ven en blanco y negro. Su percepción del color es limitada, pero existente, ya que distinguen principalmente tonos azules y amarillos-verdes. Colores como el rojo o el verde intenso suelen confundirse, especialmente si el objeto no está en movimiento. Esta característica explica por qué dependen tanto de otros sentidos como el olfato y el oído para interactuar con su entorno.

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Una de sus grandes ventajas visuales es la capacidad de ver con poca luz. Gracias a una estructura llamada Tapetum Lucidum, sus ojos aprovechan mejor la iluminación disponible, lo que provoca el característico brillo al tomarles fotos con flash. Aunque no pueden ver en oscuridad total, necesitan mucha menos luz que las personas. Además, su campo visual es más amplio, sobre todo en los perros, lo que les permite detectar movimientos laterales con facilidad.

Finalmente, tanto perros como gatos poseen visión tridimensional, esencial para calcular distancias al cazar o jugar. Sin embargo, esta zona es más reducida que la humana, ya que han priorizado la detección de movimiento sobre el detalle fino. En conjunto, su manera de ver el mundo refleja su origen cazador y nos recuerda que, aunque compartamos el mismo espacio, la realidad que perciben es completamente distinta a la nuestra.