Caricias ideales para tu gato
Acariciar a un gato puede ser una experiencia placentera o terminar en un arañazo si no se respetan sus preferencias y su lenguaje corporal. Los felinos son animales sensibles que disfrutan del contacto solo cuando se sienten seguros, por lo que entender cómo y dónde tocarlos es clave para generar confianza, relajación y momentos de verdadero vínculo.
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Las zonas que más disfrutan suelen ser la cabeza, la frente, las mejillas, detrás de las orejas y debajo del mentón, ya que ahí concentran glándulas que los hacen sentirse tranquilos y protegidos. Las caricias suaves y lentas en estas áreas suelen provocar ronroneos y señales de bienestar. En cambio, tocar la barriga, las patas o la cola puede resultar incómodo, ya que son partes vulnerables o muy sensibles para la mayoría de los gatos.
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Para que un gato ronronee, lo ideal es comenzar con movimientos delicados, observar sus reacciones y respetar cuando decide alejarse. Si inclina la cabeza, entrecierra los ojos o se frota contra tu mano, está disfrutando; si mueve la cola con brusquedad o aplana las orejas, es mejor detenerse. En el caso de los gatitos, acostumbrarlos desde pequeños a caricias suaves en la cabeza y mejillas ayuda a que asocien el contacto humano con algo positivo y seguro.
La razón por la que muchos gatos rechazan que les toquen la barriga tiene que ver con su instinto de protección, ya que ahí se encuentran órganos vitales. Solo algunos, cuando existe mucha confianza, lo permiten. Evitar errores como forzar el contacto, interrumpir su descanso o acariciar a contrapelo hará que cada mimo sea mejor recibido. Si respetas su espacio y aprendes a leer sus señales, tu gato te recompensará con gestos de cariño, calma y ronroneos constantes.
