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Cómo y dónde acariciar a un perro

Acariciar a un perro es una de las formas más efectivas de crear un vínculo de confianza y demostrar afecto, pero no todas las zonas ni todos los momentos son adecuados. Los canes tienen preferencias muy claras y, aunque no siempre lo expresen de manera directa, su lenguaje corporal indica cuándo desean contacto y cuándo no. Respetar estas señales es clave para una convivencia sana y segura.

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Antes de tocar a un perro, especialmente si no lo conoces, es importante observar su actitud. Gruñidos, ladridos, rigidez corporal o miradas tensas son señales de alerta. Además, conviene evitar movimientos bruscos, acercar la mano directamente a la cabeza o mirarlo fijamente a los ojos, ya que estos gestos pueden interpretarse como amenazas. Colocarse a su altura y permitir que el animal se acerque primero ayuda a generar confianza progresiva.

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Cuando el perro acepta el contacto, las caricias deben ser suaves y tranquilas, siguiendo el sentido del pelo y sin invadirlo con abrazos. Las zonas que suelen resultar más agradables son detrás de las orejas, el pecho, la base del lomo y entre el cuello y la barbilla, siempre con precaución. En cambio, áreas como la cabeza, las patas, la cola o el hocico suelen generar incomodidad en muchos perros.

Más allá del afecto, acariciar a un perro aporta múltiples beneficios emocionales y físicos. Reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, ayuda a regular la presión arterial y fortalece el sistema inmunológico. Además, es una herramienta valiosa en terapias asistidas, ya que el contacto con los canes favorece la relajación, la felicidad y el bienestar general tanto en humanos como en mascotas.