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La ciencia explica el amor por las mascotas

Hablarles, mirarlos a los ojos o sentir ternura cuando se acomodan a nuestro lado no es casualidad: la ciencia ha demostrado que el vínculo entre humanos y mascotas tiene una base biológica real. Millones de personas desarrollan un fuerte apego hacia perros y gatos, y estudios científicos han identificado procesos hormonales y conductuales que explican por qué esta conexión resulta tan profunda y emocional.

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Investigaciones publicadas en la revista “Science” revelan que convivir y compartir tiempo con un perro puede elevar hasta en 300 % los niveles de oxitocina, una hormona relacionada con la confianza, el apego y la generosidad, conocida popularmente como la “hormona del amor”. El aumento se produce especialmente cuando existe contacto visual entre el animal y su tutor, un gesto que refuerza la relación de manera similar a la que ocurre entre una madre y su hijo.

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Los estudios también señalan que el afecto no es unidireccional. Experimentos dirigidos por el neurocientífico Paul Zak mostraron que, tras convivir y jugar con sus dueños, los perros registraron incrementos significativos de oxitocina, confirmando que el lazo emocional también se genera desde el animal hacia la persona. En el caso de los gatos, aunque el aumento hormonal fue menor, se comprobó que también establecen vínculos y responden al contacto humano, desafiando la idea de que son distantes o indiferentes.

Otros análisis sobre comportamiento animal indican que muchos felinos incluso prefieren interactuar con las personas antes que comer, lo que refuerza la idea de que desarrollan apego y disfrutan la cercanía. De ahí que la tristeza al dejarlos solos o la emoción que muestran al reencontrarse con sus dueños sean señales claras de una relación afectiva sólida, construida a partir del contacto, la convivencia y el cuidado cotidiano.