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Placas de identificación: evolución y utilidad en mascotas

Las placas de identificación para perros surgieron a finales del siglo XIX, cuando los dueños comenzaron a colocar pequeñas piezas metálicas en los collares con el nombre del animal y los datos de contacto del tutor. Esta solución sencilla permitió que los perros extraviados regresaran con mayor facilidad a casa y marcó el inicio de los sistemas modernos de identificación de mascotas, que con el tiempo se extendieron a gatos y otros animales de compañía.

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Su popularidad creció durante la Primera Guerra Mundial, periodo en el que los perros militares desempeñaron funciones como mensajeros, centinelas y exploradores. Las placas incluían nombre, raza y número de registro, lo que facilitaba su control y retorno a las unidades. Paralelamente, organizaciones como el American Kennel Club impulsaron el registro formal de perros y la emisión de placas oficiales, consolidando su uso como una herramienta confiable dentro del cuidado responsable.

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Con el paso del tiempo, estas placas dejaron de servir únicamente para identificar y comenzaron a emplearse con otros fines, como indicar vacunación, entrenamiento especializado o participación en labores de búsqueda y rescate y terapia. Hoy, las familias las consideran un elemento esencial de seguridad, ya que permiten incluir datos médicos, teléfonos y otra información relevante para proteger al animal en caso de extravío.

Además de su función práctica, las placas se transformaron en accesorios personalizables, disponibles en múltiples materiales, formas y estilos que reflejan la personalidad de cada mascota. Este enfoque ha convertido un objeto utilitario en una combinación de protección y expresión, donde el diseño convive con la funcionalidad.

El concepto de placa de identificación también evolucionó en el ámbito militar. Durante la Guerra Civil estadounidense, soldados utilizaron identificaciones improvisadas para ser reconocidos en caso de fallecimiento. En 1906, el Ejército de Estados Unidos adoptó placas oficiales con nombre, rango y número de serie, y más tarde otros países replicaron el modelo, reforzando su papel en la logística y el reconocimiento de personal.

Actualmente, tanto en la vida militar como civil, estas placas siguen siendo herramientas clave. En las fuerzas armadas incluyen datos como grupo sanguíneo o alergias, mientras que entre la población general se usan como elemento de emergencia, identificación personal y hasta accesorio estético. Su permanencia a lo largo del tiempo refleja la importancia de contar con sistemas simples y eficaces que refuercen la seguridad, el cuidado y el vínculo entre las personas y sus animales.