¿Voluntad Ausente?
Mtro: Armando Garay
El debate sobre la capacidad del Estado mexicano para enfrentar al crimen organizado ha sido deliberadamente mal planteado durante décadas.
La pregunta correcta no es si el Estado puede derrotar a los cárteles, sino por qué ha elegido sistemáticamente no hacerlo. La respuesta incómoda que nadie quiere articular con claridad es que México posee todos los recursos institucionales, legales, militares y económicos necesarios para desmantelar las estructuras criminales que lo desangran, pero carece de algo mucho más básico y devastadoramente ausente: voluntad política genuina.
El Estado mexicano tiene 250 mil elementos de las Fuerzas Armadas, 130 mil elementos de la Guardia Nacional, agencias de inteligencia, un presupuesto federal superior a los 9 billones de pesos, y marcos legales que permiten desde arraigo hasta extinción de dominio.
La respuesta demoledora es la captura del Estado. No estamos ante un problema de capacidad sino de complicidad estructural. La estrategia de “abrazos no balazos” implementada por AMLO no fue ingenuidad ideológica; fue política deliberada de coexistencia con estructuras criminales a cambio de estabilidad política negociada. Los más de 190 mil homicidios de ese sexenio son el precio que la sociedad pagó por esa decisión.
Lo más perverso es la narrativa derrotista que el propio Estado ha construido: “la guerra contra el narco no se puede ganar”, “son problemas estructurales que requieren generaciones”, “debemos aprender a convivir con el crimen”.
Mentiras convenientes. El Estado mexicano puede perfectamente desmantelar las estructuras criminales; simplemente ha decidido no hacerlo porque gobernantes sucesivos han calculado que la coexistencia negociada les resulta políticamente más conveniente que el conflicto frontal.
La sociedad mexicana paga cotidianamente el precio de esta cobardía política. Madres buscan fosas clandestinas porque el Estado no lo hace. Empresarios pagan extorsión porque no hay protección efectiva. Periodistas callan porque no hay garantías. Ciudadanos normalizan convivir con violencia porque no existe alternativa visible.
México tiene todo lo necesario para vencer al crimen organizado excepto lo único realmente indispensable: líderes políticos dispuestos a enfrentarlo sin importar el costo personal, político y económico. Hasta que eso cambie, seguiremos siendo testigos del espectáculo obsceno de un Estado poderoso arrodillado ante criminales que solo existen porque ese mismo Estado ha decidido permitirlo. Al tiempo.
