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Bloqueos en las carreteras, entre la protesta social y la narrativa política. El discurso oficial

La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, declaró que “no existe razón para mantener los bloqueos” de transportistas y agricultores en más de 30 puntos carreteros del país. Según la funcionaria, detrás de las movilizaciones hay líderes vinculados a partidos opositores (PRI, PAN y PRD) que buscan desestabilizar a la administración de Claudia Sheinbaum. Rodríguez subrayó que el gobierno ha sostenido 316 reuniones con transportistas y más de 200 encuentros con agricultores en las últimas tres semanas, lo que demostraría que las demandas están siendo atendidas.

La fractura interna

El mensaje de la secretaria no fue respaldado por todos dentro del oficialismo. Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, contradijo públicamente la versión de Gobernación: “No tengo elementos para afirmar que las protestas tengan motivaciones partidistas”. Para Monreal, lo prioritario es atender las exigencias de seguridad en carreteras y precios justos para los productores, más allá de descalificaciones políticas.

La voz de los inconformes

La Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) respondió que nunca fueron convocados a las mesas de diálogo que la Segob presume. Denuncian que la inseguridad en carreteras —robos, extorsiones y violencia— sigue sin resolverse, y que los bloqueos son la única forma de presionar al gobierno. Agricultores, por su parte, reclaman la falta de apoyos y la caída en los precios de sus productos, lo que los coloca en una situación de vulnerabilidad.

El impacto en el país

Los bloqueos afectaron 36 puntos carreteros estratégicos, generando pérdidas económicas y caos en el transporte de mercancías. En estados como Chihuahua, Jalisco y Veracruz, los accesos a ciudades y puertos quedaron paralizados durante horas. La narrativa oficial de que “no hay razón” para las protestas contrasta con la realidad de miles de ciudadanos atrapados en el tráfico y con productores que aseguran que sus demandas son ignoradas.

El episodio revela una fractura en la comunicación gubernamental: mientras la Segob busca deslegitimar las protestas atribuyéndolas a la oposición, otros actores dentro de Morena llaman a reconocerlas como reclamos legítimos. La tensión entre discurso político y realidad social abre un debate sobre la capacidad del gobierno para atender conflictos estructurales en el campo y en el transporte.

Los bloqueos no solo son una protesta por inseguridad y falta de apoyos, sino también un espejo de la disputa política en México. El gobierno intenta encuadrarlos como maniobras partidistas, pero la evidencia muestra que detrás hay problemas reales que siguen sin resolverse.