Daniela Toussaint: entre la represión y la desconfianza judicial
La joven jalisciense de 23 años, detenida en la marcha de la Generación Z el pasado 15 de noviembre, denuncia golpes, amenazas y el uso de gas lacrimógeno durante su arresto. Aunque presentó una videograbación de 39 minutos como prueba, el juez Joel Garduño la rechazó alegando que podría estar manipulada con inteligencia artificial, pese a las lesiones visibles que muestra la estudiante.
En Contexto
• La marcha del 15 de noviembre: convocada por colectivos juveniles autodenominados Generación Z, se realizó en CDMX y Guadalajara para exigir mayor participación política y denunciar violencia institucional.
• Detención de Daniela Toussaint: originaria de Guadalajara, fue arrestada bajo cargos de tentativa de homicidio. Testigos y activistas señalan que la joven fue golpeada y engañada por policías que le ofrecieron “llevarla a una zona segura”.
• Liberación: Daniela pasó cuatro días en el Centro Femenil de Readaptación Social de Santa Martha Acatitla y salió en silla de ruedas el 19 de noviembre, con múltiples lesiones visibles.
La prueba cuestionada
• Daniela documentó 39 minutos de su arresto, donde asegura que se observan golpes, amenazas y el uso de gas lacrimógeno.
• El juez Joel Garduño rechazó la videograbación, argumentando que podría estar alterada con inteligencia artificial.
• La decisión ha generado críticas, pues se privilegia la sospecha tecnológica sobre la evidencia física: las lesiones que presenta la joven son consistentes con violencia policial.
Debate
• Activistas y abogados señalan que el rechazo de pruebas por “posible manipulación con IA” abre un precedente peligroso: cualquier evidencia audiovisual podría ser descartada bajo esa sospecha.
• Organizaciones de derechos humanos advierten que el caso refleja un patrón de represión contra jóvenes manifestantes y un debilitamiento del acceso a la justicia.
• Narrativa oficial vs. realidad: mientras autoridades hablan de “grupos violentos infiltrados”, los testimonios y las imágenes muestran un uso excesivo de la fuerza.
La historia de Daniela Toussaint expone dos fracturas: la violencia institucional contra la juventud y la creciente desconfianza hacia las pruebas digitales en la era de la inteligencia artificial. La paradoja es brutal: el cuerpo golpeado de una joven se vuelve menos creíble que la sospecha de un algoritmo.
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