El Plan B de Claudia Sheinbaum y la batalla por las leyes secundarias
Tras el rechazo de la Reforma Electoral en la Cámara de Diputados, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta su primera gran derrota legislativa. Sin embargo, en Palacio Nacional ya se cocina un Plan B que busca modificar aspectos clave del sistema político mexicano sin necesidad de tocar la Constitución. La estrategia se centra en cambios a leyes secundarias, donde Morena y sus aliados cuentan con mayoría simple para aprobar iniciativas que podrían redefinir la dinámica electoral y legislativa del país.

El contexto de la derrota
El miércoles pasado, la propuesta de Reforma Electoral fue desechada en el Pleno de San Lázaro. Morena se quedó solo: ni el Partido Verde ni el PT respaldaron el proyecto presidencial. El rechazo evidenció las tensiones internas en la coalición oficialista y la dificultad de alcanzar consensos en temas que afectan directamente la distribución de poder.
La oposición celebró la derrota como un triunfo de la democracia, mientras que en el círculo cercano de Sheinbaum se habló de un revés esperado, pero no definitivo. La presidenta, dicen sus asesores, ya tenía preparado un plan alternativo.

El contenido del Plan B
De acuerdo con fuentes legislativas, el Plan B se enfocará en cuatro grandes ejes:
1. Eliminación del fuero federal
La propuesta busca retirar la protección legal de diputados y senadores, permitiendo que puedan ser procesados como cualquier ciudadano. Alfonso Ramírez Cuéllar, exdirigente de Morena, ha impulsado esta iniciativa argumentando que el fuero se ha convertido en un escudo de impunidad. Ejemplos recientes, como el caso de Christian Von Roehrich (PAN) y el alcalde morenista Diego Rivera Navarro, son utilizados como justificación política.
2. Reestructuración del INE y desaparición de los OPLES
El objetivo es reducir costos y evitar duplicidad de funciones. Aunque la desaparición de los institutos locales genera resistencia en las entidades federativas, Morena insiste en que la centralización fortalecerá la transparencia y la austeridad.
3. Reducción del gasto electoral
Se plantea limitar los recursos destinados a campañas y procesos electorales. Aunque no se tocará la revocación de mandato prevista para 2028, sí se buscará ajustar presupuestos y mecanismos de financiamiento.
4. Reasignación de plurinominales (pluris)
Este es el punto más delicado. La idea es modificar la forma en que se distribuyen los escaños de representación proporcional. En lugar de asignarlos directamente por listas, se daría prioridad a candidatos que quedaron cerca de ganar distritos. Esto beneficiaría a partidos con presencia territorial, como Morena, y complicaría la estrategia de partidos pequeños como el Verde y el PT, que dependen de las listas plurinominales para asegurar su representación.
La ventaja de las leyes secundarias
La gran diferencia con la Reforma Electoral es que los cambios a leyes secundarias requieren mayoría simple, no mayoría calificada. Morena cuenta con 260 diputados, suficientes para aprobar las iniciativas sin necesidad de negociar con sus aliados. Esto coloca a Sheinbaum en una posición más cómoda que la que enfrentó López Obrador en 2022, cuando sus intentos de reforma fueron frenados por la Suprema Corte.
Hoy, con un Poder Judicial menos confrontado y un Congreso dominado por Morena, el escenario es más favorable para que el Plan B avance.
Implicaciones políticas
El Plan B no solo busca ajustar reglas electorales, sino también enviar un mensaje: la presidenta no se detendrá ante la oposición ni ante los cálculos de sus aliados. La eliminación del fuero podría ser vista como un gesto de transparencia, mientras que la reasignación de pluris es claramente una jugada estratégica para fortalecer a Morena en futuras legislaturas.
El Verde y el PT, aunque incómodos, difícilmente romperán con el oficialismo. Su supervivencia política depende de su cercanía con Palacio Nacional, y el costo de enfrentarse a Sheinbaum sería demasiado alto.
Conclusión
El Plan B de Claudia Sheinbaum representa una segunda oportunidad para imponer cambios en el sistema político mexicano. Aunque menos ambicioso que la Reforma Electoral original, podría tener efectos duraderos en la manera en que se distribuye el poder en el Congreso y en la organización de los procesos electorales.
La presidenta apuesta a que, con mayoría simple y un discurso de austeridad y transparencia, podrá convertir una derrota legislativa en una victoria política.
Comentario
El “Plan B” parece más bien un “Plan V” de venganza: como no pudieron cambiar la Constitución, ahora van por las leyes secundarias, esas que se mueven con la facilidad de un reglamento escolar. El fuero se elimina para que nadie se esconda, el INE se recorta para que “ahorre” (como si la democracia fuera un gasto innecesario), y los pluris se reasignan para premiar a los que casi ganan… porque en la política mexicana, hasta perder tiene premio.
En resumen: Morena no necesita al Verde ni al PT, pero igual los compromete. Y mientras tanto, la oposición celebra como si hubiera ganado el Mundial, sin darse cuenta de que el verdadero partido apenas empieza.
Porque en México, las reformas no mueren: se reciclan, se maquillan y se venden como nuevas. El Plan B no es otra cosa que el mismo Plan A… pero con descuento.
