Revancha electoral en el norte: Andy López Beltrán enfrenta el bastión priista con metas modestas
Saltillo, Coahuila. El secretario de Organización de Morena, Andrés Manuel López Beltrán, conocido como Andy, intensifica su operación política en las elecciones intermedias de Coahuila, donde se renovarán las 16 diputaciones del Congreso local. Tras el fracaso en Durango, el hijo del presidente busca una revancha electoral en un terreno dominado históricamente por el PRI.
La estrategia morenista
Con el respaldo de Américo Villarreal Santiago, operador de programas sociales, Andy ha impuesto coordinadores distritales y reforzado recorridos desde inicios de marzo. Aunque las campañas arrancan oficialmente el 5 de mayo, Morena intenta ganar tiempo frente a la maquinaria priista.
El foco está en Saltillo y Torreón, los municipios más poblados y donde Morena concentra cerca de 90,000 militantes, casi la tercera parte de su padrón estatal. En Torreón, el distrito 09 será clave: Antonio Attolini competirá contra la priista Verónica Martínez, en una contienda que se anticipa cerrada con alrededor de 25,000 votantes.
El bastión priista
Desde 2020, el PRI ha ganado las 16 diputaciones locales por mayoría. Incluso en su peor momento (2017), logró mantener 10 distritos frente al PAN. Hoy, con el gobernador Manolo Jiménez y alcaldes como Javier Díaz (Saltillo) y Román Cepeda (Torreón), el tricolor despliega su maquinaria territorial, denunciada por Morena por actos de “campaña sucia” como daños a propaganda.
Objetivos realistas
En el entorno de Andy reconocen que sería un éxito obtener al menos dos distritos. La meta nacional es consolidar a Morena como segunda fuerza en el estado, atrayendo votantes panistas en medio de la crisis del blanquiazul, que apenas supera el 4% en las municipales de 2024. La alianza con el PT refuerza la estrategia, aunque no se espera romper la hegemonía priista.
Comentario
Andy dice que ganar dos distritos sería un éxito. En Coahuila, donde el PRI se lleva todo desde hace años, parece que la vara está tan baja que con un par de curules ya se festeja como si fuera la Copa del Mundo. Al final, la “revancha electoral” suena más a consuelo que a conquista.
