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17 AÑOS, UNA GRADUACIÓN QUE NUNCA LLEGÓ Y CUATRO AÑOS SIN JUSTICIA: JESSENIA JOHANA FUE ASESINADA Y SU CASA INCENDIADA

Ciudad Juárez, Chih.— Tenía 17 años. Le faltaban apenas ocho días para cumplir 18. En su mente ya comenzaba a dibujarse el futuro: la graduación del CBTIS 270, la universidad, un examen de admisión y todos esos sueños que parecen enormes cuando apenas comienza la vida.

Jessenia Johana Cisneros Robles estaba a punto de cerrar una etapa y abrir otra.

Pero el 2 de mayo de 2022, alguien le arrebató la oportunidad de vivirla.

Aquella tarde salió con su hermana mayor a buscar los zapatos que utilizaría para su graduación. Era un día aparentemente común, uno de esos que nadie imagina que terminarán convertidos en el último recuerdo de una hija.

Después regresaron a casa.

Jessenia entró sola al domicilio ubicado en la calle Francisco López de García número 2308, en la colonia Manuel J. Clouthier.

Su madre, Verónica Imelda Robles Tarango, tenía previsto pasar posteriormente por ella para llevarla con una amiga. Jessenia se encontraba estudiando para presentar su examen de admisión a la universidad.

Pero el trabajo retrasó a su madre aproximadamente 40 minutos.

Cuarenta minutos.

El tiempo que separó una tarde normal de una tragedia que cuatro años después continúa sin una respuesta definitiva.

Cuando Verónica llegó, encontró su casa envuelta en llamas.

El humo había convertido el interior en una trampa. Desesperada, entró llamando a su hija. Buscó entre el fuego y el humo hasta encontrarla sobre un sofá cama.

Intentó sacarla.

En el intento sufrió quemaduras en las manos.

Tuvo que salir para tomar aire.

Los vecinos acudieron y, entre el caos, lograron finalmente sacar a Jessenia.

Pero la vida de aquella joven de 17 años ya se había apagado.

No murió, sostiene su familia, como consecuencia de un simple incendio.

De acuerdo con la información proporcionada por su madre, la causa de muerte fue un traumatismo craneoencefálico severo, además de heridas provocadas por un objeto punzocortante.

Para la familia, aquello cambió por completo la historia.

Jessenia no solamente había muerto.

Había sido asesinada.

Y después, aseguran, alguien habría provocado el incendio.

La sospecha que desde entonces persigue a la familia es brutal: que las llamas fueron utilizadas para destruir evidencias, borrar huellas y convertir la escena del crimen en cenizas.

Desde entonces comenzó otra lucha.

La de una madre contra el silencio.

La de una familia que se niega a aceptar que el nombre de Jessenia termine perdido entre documentos, carpetas y expedientes.

Se realizaron diligencias y se tomaron diversas muestras. Incluso, de acuerdo con el testimonio de la familia, una persona fue detenida en relación con el caso, pero posteriormente quedó en libertad.

Y ahí volvieron las preguntas.

¿Quién mató a Jessenia?

¿Por qué?

¿Qué ocurrió realmente dentro de aquella vivienda?

¿Qué evidencias fueron encontradas?

¿Qué pasó con las investigaciones?

¿Por qué, después de cuatro años, la familia continúa sin una respuesta que le permita cerrar esta historia?

La madre asegura que desde el principio existieron indicios que apuntaban hacia una persona relacionada con los hechos, pero hasta ahora no se ha logrado establecer legalmente su responsabilidad.

Mientras tanto, el calendario siguió avanzando.

2023.

2024.

2025.

Y ahora 2026.

Cuatro años.

Cuatro años sin que la familia tenga la justicia que reclama.

Pero Verónica no se quedó en casa llorando en silencio.

Marchó.

Colocó mantas.

Viajó hasta Chihuahua.

Acudió ante autoridades.

Golpeó puertas.

Pidió que el caso de su hija fuera revisado.

Incluso recuerda haber sido recibida junto con su familia por la gobernadora María Eugenia Campos, quien se comprometió a revisar el caso.

Pero, según denuncia Verónica, aquel compromiso no se ha traducido en los resultados que esperaba.

La lucha llegó incluso hasta las calles.

La familia colocó mantas frente a la Presidencia para mantener vivo el nombre de Jessenia y exigir justicia.

Pero, según denuncia la madre, las mantas desaparecen.

Ante ello, solicitaron mediante su derecho de petición las grabaciones de las cámaras de vigilancia para intentar conocer quién las retiraba.

La respuesta que, según relata Verónica, recibieron fue que no existían cámaras que pudieran proporcionarles esa información.

Una respuesta que la familia cuestiona, pues sostiene que la zona se encuentra rodeada de dispositivos de vigilancia.

Para una madre que lleva cuatro años buscando respuestas, cada negativa se convierte en otra herida.

“Estoy cansada de nada más obtener un no o de no tener nada”, expresa Verónica.

Y detrás de esas palabras no solamente hay enojo.

Hay cansancio.

Hay dolor.

Hay una fotografía que seguramente todavía pesa en el corazón de una madre: una hija de apenas 17 años, preparando su graduación, buscando unos zapatos, estudiando para entrar a la universidad y soñando con lo que vendría después.

La graduación nunca llegó.

El examen de admisión tampoco.

Los planes universitarios quedaron suspendidos para siempre.

Jessenia Johana Cisneros Robles nació el 10 de mayo de 2004.

Debía celebrar sus 18 años ocho días después de aquella tragedia.

Hoy, en lugar de preparar una fiesta de cumpleaños, su familia sigue preparando consignas para exigir justicia.

En lugar de verla graduarse, la recuerda en fotografías.

En lugar de acompañarla a la universidad, su madre continúa caminando de oficina en oficina buscando una respuesta.

Y mientras tanto, una pregunta sigue golpeando como el primer día:

¿QUIÉN MATÓ A JESSENIA Y POR QUÉ?

La familia no pide discursos.

No pide promesas.

Pide resultados.

Pide que se esclarezca lo ocurrido dentro de aquella casa.

Pide que se determine quién terminó con la vida de una joven que apenas comenzaba a vivir.

Y si existe un responsable, pide que sea llevado ante la justicia mediante un proceso conforme a derecho.

Porque detrás de un expediente hay una hija.

Detrás de una carpeta de investigación hay una madre.

Y detrás de un nombre hay una vida que quedó truncada antes de llegar a la graduación que tanto esperaba.

JESSENIA TENÍA 17 AÑOS.

TENÍA SUEÑOS.

El fuego consumió su casa aquella tarde del 2 de mayo de 2022.

Pero cuatro años después, las llamas no han logrado consumir la memoria de Jessenia.

Su madre sigue buscando respuestas.

Su familia sigue exigiendo justicia.

Y el caso continúa cargando con la pregunta que nadie ha podido responder:

¿QUIÉN LA MATÓ Y POR QUÉ?……