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RUTAS DE LA DESESPERACIÓN: EL OCÉANO PACÍFICO, LA NUEVA Y MORTAL VÍA MIGRANTE

Tijuana, Baja California. — El blindaje tecnológico y el despliegue militar en la frontera terrestre entre México y Estados Unidos no han frenado la migración; únicamente la han desplazado hacia aguas profundas. Ante el despliegue masivo de drones con visión nocturna, sensores de movimiento de alta precisión y un incremento de agentes de la Patrulla Fronteriza, cientos de personas arriesgan la vida en el océano Pacífico, convertida hoy en una de las rutas más peligrosas de América.

La presión fronteriza en el paso Tijuana-San Diego ha generado una migración marítima de alto riesgo. Activistas y académicos advierten que las travesías en lanchas panga o a nado directo implican amenazas mortales como la hipotermia severa por las bajas temperaturas del agua, naufragios en mar abierto y la extorsión de grupos criminales que dominan la franja costera.

“Esa presión migratoria se trasladó al Océano Pacífico”, explicó el antropólogo Víctor Clark Alfaro, académico de la Universidad Estatal de San Diego, quien señaló que las tarifas de los traficantes oscilan entre los 12 mil y 20 mil dólares por traslado.

El drama humano de la separación familiar alimenta el flujo. Caso de ello es Daniel, migrante mexicano deportado en junio de 2026, quien tras ser trasladado a Tulum regresó a Tijuana para intentar cruzar de nuevo por mar.

“Mi familia, mis dos niños y mi esposa están allá”, relató Daniel, quien anteriormente nadó durante cuatro horas portando un traje de buzo entre neblina y aguas heladas. Sin recursos para pagar a los traficantes, denunció que las células locales cobran “cuotas de piso” de hasta 15 mil pesos sólo por dejar a las personas aproximarse a la playa.

Hugo Castro, fundador de la Coalición SOS Migrantes, confirmó que el crimen organizado controla las costas de Baja California. La letalidad del mar quedó demostrada el pasado 16 de octubre de 2026, cuando la Guardia Costera estadounidense rescató a 16 supervivientes tras un naufragio a 225 kilómetros al oeste de Ensenada, dejando un saldo de 11 personas desaparecidas. Mientras el cerco fronterizo continúe cerrándose en tierra, el Pacífico seguirá cobrando vidas en la sombra.