Cerocahui dejó cicatrices imborrables; aún falta mucho por hacer: Enrique Rascón
A cuatro años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar en la comunidad de Cerocahui, municipio de Urique, el secretario de Pueblos y Comunidades Indígenas (SPCI), Enrique Rascón, aseguró que los hechos dejaron heridas profundas que permanecen en la memoria colectiva y que aún existen retos pendientes para fortalecer la atención y la seguridad en la región serrana.
Luego de participar en las actividades conmemorativas realizadas por el cuarto aniversario de la tragedia, el funcionario señaló que el acontecimiento marcó a la sociedad chihuahuense y a las comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara.
“Recordamos una situación que se nos quedó tatuada en nuestra memoria y en nuestro corazón. Hay que decirlo: son cicatrices imborrables, pero también nos impulsan a seguir trabajando y a reconocer que todavía hay muchas cosas que podemos hacer de la mano de los tres niveles de gobierno”, expresó.
Rascón informó que actualmente se mantiene una mesa permanente de trabajo para atender las necesidades de la zona, además de una comunicación constante con la Diócesis de la Tarahumara, con el objetivo de dar seguimiento a diversos temas relacionados con el desarrollo y bienestar de las comunidades serranas.
El secretario destacó que, si bien se han logrado avances desde aquel hecho que conmocionó al país, todavía existen áreas de oportunidad que requieren coordinación entre autoridades federales, estatales, municipales y organizaciones civiles.
Cabe recordar que el pasado domingo se celebró una misa en Cerocahui para honrar la memoria de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales, de 78 años, y Joaquín César Mora Salazar, de 80, así como del guía de turistas Pedro Eliodoro Palma, quienes fueron asesinados el 20 de junio de 2022.
El principal responsable de estos homicidios fue identificado como José Noriel Portillo Gil, alias “El Chueco”, cuya muerte fue confirmada meses después de los hechos.
Durante la ceremonia religiosa, familiares, integrantes de la comunidad y representantes de distintos sectores reiteraron el llamado para mantener viva la memoria de las víctimas y continuar impulsando acciones que contribuyan a la paz y la justicia en la Sierra Tarahumara.
