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Slim, Cervantes y el Edomex: ¿Quién manda aquí?

En su conferencia de prensa de mayo de 2026, Carlos Slim se mostró más oficialista que nunca. Prometió invertir en México —sin precisar sectores— y calificó de “irracional” la baja de Moody’s a la deuda soberana. El evento, según fuentes de Carso, se organizó en coordinación con Palacio Nacional, con el objetivo de contrarrestar el ánimo negativo que dejaron los reportes de las agencias calificadoras.

Mientras tanto, la cercanía de Slim con el gobierno de Claudia Sheinbaum comienza a tener ramificaciones políticas: Francisco Cervantes, exlíder del CCE, ahora consejero en empresas de Slim, explora una candidatura en el Estado de México bajo Morena.

La escena es clara: Slim, el hombre más rico de México, se convierte en escudo del oficialismo. Sus palabras, más que tranquilizar a los mercados, parecen diseñadas para reforzar la narrativa gubernamental. Y en paralelo, Cervantes aprovecha la plataforma que le da su nuevo jefe para lanzarse a la política.

El plan es gradual: primero una diputación federal en 2027, después la gubernatura del Edomex. Todo esto en un contexto donde la sucesión de Delfina Gómez se percibe complicada y con final abierto. Cervantes, siempre con pulsión política, ya intentó colarse en la Secretaría de Economía, pero Marcelo Ebrard frenó la jugada para evitar un choque con el empresariado, que lo considera demasiado oficialista.

Comentario crítico
Slim promete invertir “en el país”, pero no dice si será en telecomunicaciones, infraestructura o en la compra de más micrófonos para sus conferencias. Las calificadoras, mientras tanto, siguen sin entender que en México la economía se mide por aplausos en Palacio Nacional.

Cervantes, por su parte, parece haber encontrado la fórmula mágica: de presidente del CCE a empleado de Slim y ahora aspirante a político. Una carrera que, si todo falla, siempre puede terminar en la nómina de alguna empresa del magnate. La familia Slim, dicen, no está muy feliz con el nuevo consejero, pero ¿qué más da? En este país, los negocios y la política son como el mole y el arroz: inseparables, aunque a veces indigestos.