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Tensión comercial: Trump amenaza con fin del T-MEC y México enfrenta riesgo de negociación bilateral


Ciudad de México / Washington.— La tensión comercial entre México y Estados Unidos se intensifica. El presidente Donald Trump ha reiterado que el T-MEC “tiene los días contados” y que no hay concesión suficiente para modificar su postura. El mensaje golpea directamente al equipo negociador mexicano encabezado por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien carga con la responsabilidad de sostener el acuerdo más grande de Norteamérica.

Las conversaciones previstas para esta semana en Washington, inicialmente programadas para un solo día, se ampliaron a cuatro jornadas. El objetivo oficial es llegar a julio con un escenario de renovación automática por 16 años. Sin embargo, los pendientes son numerosos y la presión política crece.

Factores clave en la negociación

División trilateral: EE.UU. ha preferido negociar por separado con México y Canadá, debilitando el esquema conjunto del T-MEC.

Seguridad como freno: Trump insiste en que las debilidades de México en materia de seguridad son un obstáculo para avanzar.

China en la mira: La llegada masiva de empresas asiáticas a México para aprovechar el acceso al mercado estadounidense preocupa a Washington.

Dependencia comercial: El 85% del comercio mexicano está vinculado a EE.UU., lo que coloca al país en una posición vulnerable.

En paralelo, la Secretaría de Economía presume cifras récord de inversión extranjera directa, con un papel creciente de China y otros países asiáticos. Sin embargo, en corto, Ebrard reconoce que un acuerdo bilateral con EE.UU. sería preferible a un colapso del tratado, aunque ello implicaría aceptar la estrategia de “divide y vencerás” impulsada por la Casa Blanca.

Comentario
Trump amenaza con dinamitar el T-MEC mientras México se consuela diciendo que “no hay prisa” y que todo sigue bajo control. Claro, porque nada dice estabilidad como negociar con un socio que te recuerda cada día que “el que paga manda”.

En resumen: el T-MEC parece menos un tratado y más una cuerda floja, con Ebrard caminando sobre ella mientras Trump agita el piso desde Washington.