San Carlos Borromeo, el templo de Aldama que guarda siglos de historia y la leyenda de sus túneles
Nota y fotos por: Silver Juárez Arce
En el corazón de Aldama, entre las construcciones que recuerdan los primeros años de esta comunidad, permanece en pie uno de sus principales testimonios históricos: el Templo de San Carlos Borromeo, un inmueble cuya historia está ligada al antiguo presidio que dio protección a la población durante la época virreinal y que actualmente también conserva relatos transmitidos de generación en generación.
Durante una visita realizada a este municipio, fue posible conocer parte de la historia del templo, cuya presencia se remonta al siglo XVIII. De acuerdo con información de Misiones Coloniales de Chihuahua, el inmueble tiene su origen en una antigua capilla que fue destruida en varias ocasiones y que, durante la reorganización de la población de San Jerónimo, quedó vinculada al presidio de San Carlos de Chorreras.
La misma organización señala que en 1783, durante la estancia del capitán Juan Gutiérrez de la Cueva en la zona, el templo recibió la advocación de San Carlos Borromeo, mientras que la fecha de 1787 aparece inscrita en su fachada principal. Por ello, aunque existen referencias históricas a la reconstrucción del templo en 1783, la inscripción de 1787 constituye uno de los elementos visibles que identifican la antigüedad del inmueble.

El edificio forma parte de la historia de Aldama desde una época en la que los presidios eran establecimientos militares destinados a proteger los asentamientos y las rutas del norte de la Nueva España. La documentación histórica señala la presencia del presidio de San Carlos en San Jerónimo y su importancia dentro de la estrategia de ocupación territorial del norte novohispano.
Su arquitectura conserva características sencillas de los antiguos templos misionales y presidiales del norte de México, con muros de adobe y elementos de cantera en la fachada. El inmueble cuenta con una nave, presbiterio, baptisterio, sacristía y una torre, además de elementos que han sido objeto de trabajos de conservación.
El nombre del templo está dedicado a San Carlos Borromeo, cardenal y arzobispo de Milán del siglo XVI, reconocido por su participación en la reforma de la Iglesia católica durante el periodo posterior al Concilio de Trento. Su figura tuvo una amplia presencia en la tradición católica y su nombre quedó ligado a distintos templos y comunidades.

Pero además de los datos documentados, alrededor de San Carlos Borromeo permanece una historia que durante décadas ha formado parte de la memoria de los habitantes de Aldama: la existencia de túneles subterráneos que supuestamente comunicaban el templo con otros puntos religiosos de la población.
De acuerdo con el testimonio recabado durante la visita, se cuenta que estos pasadizos habrían sido utilizados en épocas de conflictos y durante los años de la Revolución para permitir que sacerdotes y otras personas pudieran trasladarse de un templo a otro, evitando exponerse a grupos armados que recorrían la región.
“Se comenta que desde San Carlos Borromeo, que fue un presidio, existen túneles”, explicó la persona entrevistada, quien aclaró que no se sabe si se trata de una historia o de una realidad, pues esos supuestos pasadizos nunca han sido localizados o descubiertos.

La versión forma parte de las historias que se han conservado alrededor de antiguos templos y construcciones de Chihuahua, particularmente en lugares donde existieron instalaciones religiosas, presidios o edificaciones construidas durante el periodo virreinal. Sin embargo, no existe en la documentación histórica consultada una confirmación de que esos túneles existan o de que hayan conectado San Carlos Borromeo con otros templos, por lo que permanecen como una tradición oral vinculada al inmueble.
El templo se encuentra en la zona centro de Aldama, en la esquina de las calles Séptima y Gutiérrez, y es considerado uno de los inmuebles históricos de la comunidad. Actualmente no funciona como sede parroquial y su utilización está relacionada principalmente con celebraciones y actividades especiales.
Así, entre sus muros de adobe, su fachada de cantera y la fecha de 1787 que permanece visible en el inmueble, San Carlos Borromeo conserva una parte de la historia de Aldama, pero también esas historias que sobreviven en la memoria colectiva y que siguen alimentando la curiosidad de quienes conocen uno de los templos más antiguos de esta región.

