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Conclusiones del proceso colombiano para México.

El pasado 21 de junio, Colombia cerró un ciclo histórico. Abelardo de la Espriella, abogado barranquillero de 47 años conocido como “El Tigre”, derrotó en segunda vuelta al senador izquierdista Iván Cepeda y sepultó, con votos, cuatro años del experimento petrista. El resultado fue ajustadísimo 49.66% contra 48.70%, pero contundente en su mensaje político. México debe tomar nota. La oposición mexicana, tiene largos, pero a su vez reducidos 4 años para el 2030. Este proceso deja desde mi humilde perspectiva cinco conclusiones que podrían servirnos para la ruta hacia 2030 a nivel federal y para 2027 en el caso especifico de Chihuahua.

Primera: la unidad vence al miedo. De la Espriella no ganó solo. Construyó una coalición amplia bajo el movimiento Defensores de la Patria, sumando a fuerzas que históricamente se disputaban el mismo electorado. La oposición mexicana sigue atomizada y sin figuras claras. En este punto creo el PAN debe encabeza un frente amplio ciudadano, que puede incluir otros partidos, pero sobre todo debe ir de la mano de organizaciones de la sociedad civil. La lección es brutal: o se unen o pierden. Sobre todo, ante un partido—estado que como en el caso colombiano, en México están dispuestos a todo con tal de no dejar el poder.

Segunda: el candidato importa tanto como el mensaje. De la Espriella no es un político de carrera. Es empresario, comunicador natural, figura nueva. México necesita con urgencia un rostro que no arrastre el desgaste del pasado. Urge que la oposición muestre figuras frescas, figuras que llamen la atención del electorado, figuras que puedan ser atractivas con la capacidad de convocar a la sociedad en general.

Tercera: el hartazgo social es capital político aprovechable. Los colombianos castigaron cuatro años de polarización, inseguridad y promesas incumplidas de Petro. En México, la narrativa del “segundo piso de la transformación” ya muestra grietas: inseguridad, inflación silenciosa y autoritarismo institucional. Ese descontento existe; falta quien lo recoja con eficacia.

Cuarta: las redes son poder real. De la Espriella arrasó entre otras cosas gracias a una presencia digital agresiva y un mensaje económico claro. La oposición en México y particularmente nuestro partido el PAN, no ha logrado fijar una postura clara en contraste con el régimen federal, en cuestiones económicas, culturales, etc., este manejo timorato no genera el contraste necesario que el electorado esta esperando.

Quinta: la narrativa de libertad vende más que la de resistencia. El ganador colombiano habló de futuro, prosperidad y reconciliación. No de odio. “No habrá vencedores ni vencidos”, dijo al ganar. La oposición mexicana suele sonar reactiva, defensiva, antimorena. Necesita dejar de definirse por lo que combate y empezar a definirse por lo que ofrece. Se requiere una propuesta real, no una reaccionaria.
Colombia demostró que los ciclos populistas tienen fecha de caducidad. México no es Colombia, pero la política sí tiene gramáticas universales. La pregunta no es si Morena puede ser derrotada. La pregunta es si el PAN y la oposición tenemos la madurez para aprender y tomar acciones cuanto antes en base a esto.

Al tiempo.