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Del festejo anticipado a la prudencia obligada: la 4T ante el nuevo tablero de Washington

Por Redacción

La recuperación del Congreso de Estados Unidos por parte del Partido Demócrata no ha provocado celebraciones en Palacio Nacional. Por el contrario, la instrucción que prevalece en el círculo cercano de la presidenta Claudia Sheinbaum es la cautela. El cambio de correlación política en Washington abre un escenario complejo para México, donde las certezas son escasas y los riesgos abundan.

Durante la elección presidencial estadounidense de 2024, no fueron pocos los integrantes y simpatizantes de la Cuarta Transformación que vieron con simpatía el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La apuesta se sustentaba en la relación relativamente funcional que el republicano mantuvo con el expresidente Andrés Manuel López Obrador durante su primer mandato. Sin embargo, esa lectura comenzó a desmoronarse apenas iniciado 2025.

El retorno de Trump estuvo acompañado de una agenda mucho más agresiva hacia México. La designación de los cárteles como organizaciones terroristas, la presión para reforzar acciones contra el narcotráfico, las amenazas comerciales y los constantes señalamientos sobre seguridad fronteriza modificaron rápidamente el ambiente bilateral.

Ahora, tras la derrota republicana en las elecciones intermedias y el ascenso demócrata en ambas cámaras, la preocupación en Palacio Nacional no gira en torno a la posibilidad de una confrontación abierta, sino a una supervisión más intensa y sistemática desde el Capitolio. El Congreso estadounidense posee amplias facultades de investigación y control sobre las acciones del Poder Ejecutivo, incluyendo audiencias, solicitudes de documentos y revisiones de políticas públicas.

La inquietud mexicana radica en que los demócratas podrían impulsar investigaciones relacionadas con la estrategia antidrogas, el tráfico de fentanilo, la cooperación en seguridad y diversos asuntos bilaterales que han generado controversia en los últimos años. Lejos del discurso estridente que caracteriza al movimiento MAGA, los sectores más institucionales de Washington suelen privilegiar mecanismos de supervisión política y rendición de cuentas.

En ese contexto, la administración Sheinbaum parece asumir una posición pragmática. Nadie espera amenazas de bombardeos o declaraciones explosivas, pero tampoco existe la idea de que el nuevo equilibrio legislativo represente una ventaja automática para México. Los antecedentes recientes muestran que gobiernos demócratas también han mantenido posturas firmes en materia migratoria, comercial y fronteriza cuando consideran afectados los intereses estadounidenses.

La posibilidad de que Trump enfrente mayores obstáculos políticos tampoco genera entusiasmo. Algunos observadores advierten que un eventual debilitamiento del presidente podría fortalecer figuras emergentes dentro del conservadurismo estadounidense con posiciones igualmente rígidas hacia México.

Por ello, la estrategia parece orientarse a mantener abiertos los canales diplomáticos y buscar espacios de interlocución. Una eventual reunión entre Sheinbaum y Trump en el marco de foros internacionales podría convertirse en una señal de estabilidad en una relación que seguirá marcada por diferencias, presiones y desafíos compartidos.

Comentario
La ironía política es evidente: quienes hace dos años celebraban el regreso de Trump como una garantía de entendimiento hoy descubren que la geopolítica no funciona con nostalgias ni fotografías. Apostaron por el “amigo incómodo” y terminaron enfrentando aranceles, presiones y exigencias. Ahora celebran la institucionalidad demócrata, pero sin celebrarla demasiado. Como suele ocurrir en política exterior, el problema no era quién ganaba en Washington, sino haber creído que cualquiera de ellos gobernaría pensando primero en los intereses de México.