El choque Durazo–Sheinbaum por la candidatura en Sonora
La definición de la candidatura de Morena para la gubernatura de Sonora ha abierto un frente de tensión entre el gobernador Alfonso Durazo y la presidenta Claudia Sheinbaum. Lo que parecía un proceso interno controlado se ha convertido en un pulso político con implicaciones nacionales.
Dos cartas en juego
Lorenia Valles: Durazo apuesta por la senadora, respaldado en encuestas que muestran alta valoración de su gestión y que lo envalentonan para imponer la sucesión.
Javier Lamarque: Sheinbaum multiplica gestos hacia el alcalde de Cajeme, recordando su papel como primer candidato de Morena a la gubernatura en 2015, cuando el partido apenas nacía. Su cercanía histórica con López Obrador y con la propia Sheinbaum refuerza su perfil.
Gestos presidenciales
En sus visitas a Sonora, Sheinbaum ha mostrado deferencias claras hacia Lamarque: lo subió al templete en Cajeme, rompió protocolos y sostuvo encuentros privados con él, algo que no hizo con otros alcaldes. Estos gestos son interpretados como señales de apoyo directo.
Estrategia de Durazo
Durazo, por su parte, busca blindar su influencia en la sucesión. Además de impulsar a Valles, estaría desactivando la figura de Luis Donaldo Colosio Riojas en Sonora, que él mismo había promovido como un “globo de ensayo” para negociar con Palacio Nacional. El riesgo es que el choque frontal con Sheinbaum le genere costos políticos y desgaste su margen de maniobra.
Implicaciones
División interna: Dos bloques enfrentados en la definición de la candidatura.
Legitimidad histórica: Lamarque capitaliza su papel pionero en Morena y la cercanía con Sheinbaum.
Control territorial: Durazo busca mantener influencia en la sucesión para asegurar continuidad de su proyecto político.
Costos políticos: El enfrentamiento puede debilitar la cohesión de Morena en un estado clave.
Comentario editorial
En Sonora, la sucesión parece más un duelo de egos que un proceso democrático. Durazo quiere imponer a Lorenia Valles, Sheinbaum insiste con Lamarque, y ambos se disputan quién tiene más derecho a decidir el futuro del estado. La ironía es que mientras Morena presume unidad nacional, en Sonora la unidad se mide en encuestas, gestos presidenciales y viejas lealtades.
