La salida del fiscal de Chihuahua busca bajar tensión con EE.UU.,García Harfuch.
Chihuahua, México. La renuncia del fiscal general César Jáuregui, concretada este jueves, forma parte de un acuerdo político entre la gobernadora panista Maru Campos y el secretario de Seguridad Federal, Omar García Harfuch, con el objetivo de cerrar la polémica generada por la muerte de dos agentes estadounidenses en la entidad.
Estrategia de contención
Fuentes de seguridad señalan que la intención es “bajarle el volumen” al caso para evitar que Estados Unidos incremente sus cuestionamientos sobre el operativo en el que murieron los agentes. Sin embargo, esta postura choca con el ala dura del oficialismo, que busca capitalizar políticamente el incidente, desde el pedido de juicio político del PT hasta la presión de la senadora Andrea Chávez.
Señales diplomáticas
En la misma línea de García Harfuch se ubica el embajador estadounidense Ronald Johnson, quien en una visita a Sinaloa subrayó que la inversión extranjera depende de la certeza jurídica y la seguridad. Johnson evitó fotografiarse con el gobernador morenista Rubén Rocha, gesto interpretado en Palacio Nacional como una señal de distancia y advertencia.
Cooperación fronteriza
El caso Chihuahua expuso un mecanismo habitual en la frontera norte: contratar elementos mexicanos, enviarlos a Estados Unidos para ser entrenados por agencias de seguridad y luego reincorporarlos a operativos en México. Este esquema evita violar la ley y agiliza la cooperación bilateral. Mandatarios como Manolo Jiménez (Coahuila) y Alfonso Durazo (Sonora) conocen y supervisan estas dinámicas en distintos niveles.
Contexto criminal
La captura de Audias Flores Silva, El Jardinero, considerado sucesor de El Mencho, es vista como parte de la estrategia de García Harfuch para superar el incidente de Chihuahua y mostrar resultados en la lucha contra el CJNG. En Washington, se interpreta que el futuro del cártel podría recaer en Juan Carlos Valencia, hijastro de El Mencho y ciudadano estadounidense, lo que lo hace más vulnerable a presiones legales y políticas.
Comentario editorial
La salida de Jáuregui es un movimiento político para desactivar la crisis, pero también revela la fragilidad de los mecanismos de cooperación con Estados Unidos. Mientras el oficialismo busca explotar el caso en clave partidista, la diplomacia y la seguridad intentan contener el daño. El dilema es claro: México necesita cooperación internacional, pero no puede permitir que esa colaboración se convierta en una puerta trasera para vulnerar su soberanía.
