No dejes que los bastardos te desgasten
10 de mayo de 2026
El mundo distópico del cuento de la criada
La literatura como un reflejo de la realidad

Mtra: Salud Ochoa
Hace tiempo me planteé la pregunta “¿Hasta dónde tiene que llegar la barbarie?”, en alusión al caso de Gisele Pelicot, una mujer francesa que se convirtió en el centro de atención mundial debido a que fue víctima de uno de los casos más atroces de violencia de género. Gisele fue violada por al menos 70 hombres a lo largo de diez años mientras ella se encontraba inconsciente por efecto de las drogas suministradas sin su consentimiento por el agresor principal: su propio marido.
La frase que trascendió el caso de Gisele fue en torno a la vergüenza y la importancia de que esta cambie de bando.
Ahora, la pregunta ronda de nuevo en mi cabeza ante la exhibición de El cuento de la criada, la serie de televisión basada en la novela del mismo nombre publicada en 1985, de la escritora canadiense Margaret Atwood reconocida por su activismo político.
Y es que más allá de la violencia contra la mujer, cuyas variantes ya se conocen, aunque eso no implica que deban normalizarse y aceptarse, la historia de Atwood es realmente estremecedora en tanto se creía que la violencia había alcanzado sus límites.
La novela, llevada a la televisión por Bruce Miller, alude a un futuro distópico en el cual, un sistema totalitario, fundamentalista, con alto grado de fanatismo religioso, crea una nueva forma de jerarquización social en la cual las mujeres en edad fértil son convertidas en esclavas sexuales con el único fin de procrear hijos para la nación, encarnada en las familias pudientes.
Estas mujeres esclavizadas, denominadas “criadas”, portan vestido rojo y capucha blanca que las distingue de las demás ataviadas con ropa acorde a la categoría asignada: esposa, marta, tía o Jezabel.
Todas ellas, de distintas maneras, viven la violencia.
La esclavitud de las criadas implica perderlo todo, incluido su nombre, ya que al ser asignadas a una familia determinada se les asigna también el apellido del hombre de la casa (un comandante) al que se le suma el prefijo “De”. Además, son sometidas a un entrenamiento especial, castigos brutales por desobedecer o incurrir en actos no permitidos, están bajo vigilancia continua y cada mes (durante sus días fértiles) son violentadas por el hombre al que “pertenecen” con la intención de concretar un embarazo.
De todo ello, la esposa no solo tiene conocimiento, sino que participa en las llamadas “ceremonias” aderezadas con plegarias y alusiones bíblicas que a la luz de los hechos resultan grotescas.
La primera temporada de la serie se transmitió en 2017, pero debido al éxito alcanzado se prolongó hasta 2025 cuando concluyó la sexta y última temporada.
A lo largo de los diferentes capítulos, las mujeres de rojo (criadas) encarnadas en el rostro de la protagonista “Defred”, son objeto de golpes, torturas, vejaciones, mutilaciones y un asedio continuo por lo que representan: la posibilidad de la maternidad.
En medio de la cotidiana violencia y con el recuerdo de la vida anterior donde hubo un esposo y una hija, Defred se aferra al descubrimiento de una frase tallada en madera en un rincón de la habitación a la que ha sido confinada:
“No dejes que los bastardos te desgasten”.
Y estas palabras se convierten en punto de inflexión, para la protagonista, pero también para el lector-espectador que se cuestiona hasta qué punto puede llevar el fanatismo de unos cuantos o de aquellos que aún se niegan a reconocer los derechos -entre ellos la libertad en todas sus acepciones- de las mujeres.
En México, según datos contenidos en el Informe de violencia contra las mujeres, elaborado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SEENSP), al cierre del 31 de marzo de 2026, se establece que el 64.7 por ciento de las víctimas del delito de trata de personas son mujeres.
Asimismo, se detalla que, de enero a marzo de 2026, seis estados concentran el 46.6 por ciento de los casos de feminicidio con un total de 69 de las 148 víctimas registradas en ese lapso. Sinaloa, Chiapas, Ciudad de México, Estado de México, Sonora y Veracruz son altamente letales para las mujeres.
De igual forma, el documento detalla que el 39.6 por ciento de los feminicidios se concentran en 20 municipios, encabezados por Culiacán (Sinaloa) en el número y Victoria (Tamaulipas) en el lugar 20. En el caso de Chihuahua, Juárez ocupa el lugar número 5 a nivel nacional y Cuauhtémoc el décimo puesto.
En el delito de secuestro, Chihuahua ocupa el primer lugar nacional con 12 de las 28 víctimas reportadas en 2026; Guanajuato encabeza la incidencia delictiva en corrupción de menores, Quintana Roo la trata de personas, Estado de México en los casos de violación, en tanto que las llamadas de emergencia por relacionadas con incidentes de violencia contra la mujer se concentran en Ciudad de México, Chihuahua y Estado de México que aglutinan 56.2 por ciento del total.
El cuento de la criada es una historia estremecedora, molesta por momentos, pero profundamente necesaria para recordar que las mujeres son más que un cuerpo-objeto; más que una matriz con posibilidad de dar vida a un nuevo ser; más que un vientre subrogado a los caprichos machistas, misóginos y retrógradas, conceptos que en ocasiones aplican también otras mujeres.
Analizar la obra de Margaret Atwood es necesario además, no para replicar las acciones repulsivas sino para impedir que ocurran o se repliquen en las niñas y adolescentes del mundo.
La violencia contra las féminas se da en todo el orbe de diversas maneras y por múltiples razones que los agresores justifican en el orden social, la naturaleza, la religión y un largo listado de ocurrencias a modo. La literatura es el espejo en el que se refleja la realidad, así sea cruel y avasallante.
Es trabajo de todas y todos prevenir que esa distopía plasmada en la novela de Atwood permee en la sociedad, y, evitar a toda costa, que los “bastardos” que Defred menciona en la oscuridad y el silencio de su encierro, desgasten la libertad y los derechos.
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