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CAÍDA EN COLOMBIA DEL JUEZ BENÍTEZ ALCÁNTARA EXHIBE LAS GRIETAS DE LA JUSTICIA EN MÉXICO

Ciudad de México. — La captura en territorio colombiano del juez federal mexicano Luis Benítez Alcántara —acusado por la justicia de Estados Unidos de aceptar un soborno de dos millones de dólares para liberar al narcotraficante canadiense Andrew Clark— ha encendido nuevamente las alarmas sobre la impunidad, la infiltración del crimen organizado y la incapacidad de control dentro del Poder Judicial de la Federación (PJF).

El juzgador, en funciones desde 2021 en la Ciudad de México y conocido por resoluciones polémicas como la absolución en el caso de espionaje contra la periodista Carmen Aristegui, fue aprehendido mediante una orden internacional mientras participaba en un evento académico en Colombia.

Estados Unidos acusa a Benítez de recibir el millonario pago en febrero de 2025, el mismo día en que decretó la libertad bajo fianza de Clark, lugarteniente y mano derecha del exatleta olímpico y presunto capo de la droga Ryan Wedding.

Los puntos ciegos de la fiscalización judicial
La detención ha dejado al descubierto las severas fallas en los mecanismos institucionales de vigilancia creados tras la reforma judicial:

Incapacidad del Tribunal de Disciplina: A más de un año de su entrada en funciones, el nuevo órgano no contaba con ninguna indagatoria abierta contra Benítez por nexos con el crimen organizado. Aunque el juez acumulaba cuatro expedientes administrativos internos por irregularidades jurisdiccionales, la colusión con la red criminal transnacional pasó completamente desapercibida para los radares mexicanos.

Licencias irregulares: El Órgano de Administración Judicial (OAJ) otorgó a Benítez una licencia académica inusual para viajar a Colombia, omitiendo que la Comisión correspondiente no había avalado el permiso. En el ámbito penal y oral, la ausencia del titular paraliza los procedimientos de audiencia, evidenciando una grave falta de rigor burocrático.

Extradición directa: Al ser arrestado en Sudamérica, la justicia estadounidense logró esquivar los prolongados juicios de amparo en México, que suelen congelar por años los procesos de extradición hacia Washington.

Mientras la Fiscalía estadounidense prepara el juzgamiento de Benítez por nueve cargos federales —con penas que alcanzan hasta 15 años de prisión—, en México la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch, confirmó en paralelo la detención de Edgar Aarón Vázquez, alias El General, presunto líder del Cártel Nuevo Imperio que brindaba protección operativa a la red de Wedding.

Comentario crítico
El arresto del juez Benítez Alcántara fuera de nuestras fronteras evidencia una dolorosa verdad: el aparato de fiscalización judicial en México sigue siendo inoperante ante la delincuencia de cuello blanco y la narcocorrupción. Resulta inaceptable que los mecanismos internos de control no detecten sobornos de millones de dólares ni frenen resoluciones a modo, dejando que agencias extranjeras realicen el trabajo de investigación y captura. La verdadera reforma a la justicia no se logra únicamente cambiando la estructura de los tribunales, sino extirpando la impunidad interna y garantizando que ningún juzgador sirva como escudo legal para el crimen organizado.