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Alejandra Romero: el deporte le abrió las puertas del mundo, la universidad y una nueva vida

Nota y fotos por: Silver Juárez Arce

Para Alejandra Romero Bonilla, la lucha olímpica terminó convirtiéndose en mucho más que un deporte. A través de ella pudo viajar por alrededor de 30 países, estudiar una carrera universitaria, representar a México en competencias internacionales y construir una vida que, con el paso de los años, la llevó hasta Chihuahua.

Originaria de Tulancingo, Hidalgo, comenzó su trayectoria en la lucha olímpica y a los 13 años se trasladó a la Ciudad de México para integrarse al Centro Nacional de Alto Rendimiento, donde permaneció durante años mientras desarrollaba su carrera deportiva.

A lo largo de 17 años dentro de la disciplina, Romero consiguió resultados que marcaron su trayectoria. Fue campeona panamericana y centroamericana, además de convertirse en la primera mexicana en conquistar una medalla en un Campeonato Mundial Juvenil de lucha olímpica, logro que obtuvo en Brasil.

Pero detrás de las medallas también estuvo la oportunidad de construir una preparación fuera del colchón. Alejandra estudió Administración de Negocios en la Universidad Anáhuac México, mientras mantenía su carrera como atleta de alto rendimiento. La propia universidad documentó que debía combinar sus estudios con entrenamientos hasta dos veces al día.

En entrevista, la luchadora explicó que, en otras circunstancias, difícilmente habría tenido acceso a una institución de ese nivel, por lo que considera que el deporte fue una herramienta que le abrió puertas que de otra manera no necesariamente habría tenido.

Por eso, ahora que comparte su experiencia con nuevas generaciones, busca transmitir precisamente esa idea: que el deporte puede ser una oportunidad para estudiar, viajar, conocer otras culturas y abrir caminos profesionales, además de competir.

Su carrera también la llevó a escenarios que no necesariamente significaron subir al podio. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 estuvo vinculada al equipo mexicano como sparring y parte de la preparación de Jane Valencia, experiencia que le permitió vivir unos Juegos Olímpicos desde otra perspectiva. La participación de ambas en actividades de preparación está documentada por la CONADE.

Después de años dedicados prácticamente por completo al deporte, su vida tomó otro rumbo durante la pandemia. Alejandra comenzó una nueva etapa personal, formó una familia y conoció también otra manera de relacionarse con la lucha y con su propia trayectoria.

En 2018 conoció a Aldo Gutiérrez, también luchador y actualmente profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Con el tiempo ambos formaron una familia y Alejandra comenzó una nueva etapa de vida en Chihuahua.

Ahora, desde el estado que considera parte de su nueva historia, busca seguir vinculada con la lucha y compartir lo aprendido durante años de entrenamiento, competencias y viajes.

Ese será precisamente uno de sus objetivos durante el Chihuahua Fight Experience, donde participará como especialista invitada para trabajar con atletas de distintas disciplinas de combate.

Alejandra considera que quienes practican lucha, MMA, jiu-jitsu o grappling pueden beneficiarse del intercambio de experiencias y conocimientos. Para ella, alguien tiene que dar el primer paso para que las nuevas generaciones encuentren referentes y descubran hasta dónde pueden llegar.

Su propia historia es el ejemplo que eligió para transmitir ese mensaje: una adolescente que dejó su lugar de origen para entrenar, una atleta que recorrió el mundo, una estudiante que encontró en el deporte una vía para continuar su formación y una mujer que hoy busca compartir todo ese aprendizaje con quienes apenas comienzan.